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  Prosticuica

  Prosticuica

  María Carolina es clienta frecuente de algunos programas de TV y de revistas cuché, tiene su propia página web, cobra 120 mil pesos por atención y se considera pinochetista. Le propusimos pasar un día con ella y que nos mostrara lo que hace cuando no trabaja. La acompañamos a la peluquería, al shopping y a su restaurante favorito. Todo, el día en que cumplía 30 años.

Domingo 23 de septiembre de 2007

 Son las 10:45 de la mañana y hace cinco minutos que María Carolina, la escort o prostituta VIP más conocida de Chile, debió haber estado en uno de los accesos del Apumanque. Ayer le dejé un recado con su nana, pero como no estoy seguro que se lo haya dado, disco su número celular. Luego de unos segundos, una voz habla sin parar:

-Oye, disculpa, pero ayer tuve un pequeño ensayo de fiesta de cumpleaños y aún no me he levantado. Mal que mal, 30 años no se cumplen todos los días. Pero si me das 45 minutos, estaré en la peluquería que quedamos. Mientras tanto, puedes conseguirte autorización para tomar fotos dentro del local, porque vas con fotógrafo, ¿cierto? A propósito, ¿a quién se le ocurrió juntarnos a esta hora?

-A ti -respondo escuetamente, y ella se echa a reír e insiste en lo de los 45 minutos.

Cuelgo, ingreso al Apumanque, ubico la peluquería, hablo con la encargada, todo okay, cruzo un pasillo, me siento a tomar un juguito, discuto con Álvaro Hoppe.

Todo en orden, o eso creo, cuando después de una hora y media observo a María Carolina ingresar a la peluquería sin siquiera mirarnos. Sé que no nos conoce, pero si al menos hubiera echado un vistazo, hubiera observado a dos tipos sentados a las afueras de la famosa peluquería, como dos viejitos de la Plaza Armas para los cuales el tiempo parece correr de manera distinta que para el resto de los mortales.

Tras guardar nuestras imaginarias migas, con las que alimentábamos nuestros sueños, la alcanzamos adentro del local.

-Disculpen, pero a mí en general me fascina hacerme esperar.

CONVERSACIONES DE PELUQUERÍA

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16 kbAntes de seguir, dibujemos a María Carolina: cerca de 1,70 metro, ojos verdes o grises como los de Madame Bovary, delgada, sin mucho poto ni tetas y pelo azabache que, según ella, es ondulado.

-Por eso vengo acá, para alisármelo. De lo contrario, me queda la cagada. Aunque también me hago otras cositas, como ponerme botox y broncearme con un spray increíble, mejor que el solárium.

-Y mucho más sano, además complementa la peluquera favorita de María Carolina, que en adelante hará este tipo de observaciones.

-¿Podría hacerte unas fotos mientras te echas ese spray? consulta Hoppe, babeando.

-El único problema es que ese spray me lo echo desnuda. Oye, a propósito, ¿cuándo sale esto?

Le contesto, y ella entusiasmada agrega:

-¿Podriai poner que para esta fecha voy a estar en Punta Arenas animando mi primer evento y, bueno, visitando admiradores?

Mientras imagino a qué se refiere con "admiradores", una mano asomada por un dintel llama a María Carolina para que ingrese a un cubículo en donde le echarán el spray que tan entusiasmado dejó a Hoppe. Mientras está ausente, Sussy, una auxiliar, nos dice si nos serviríamos un vaso de agua. Luego de beber, le consulto a Sussy por María Carolina.

-Ella es una clienta frecuente, muy amorosa y muy sencilla contesta.

Después de salir de la peluquería para hablar por teléfono con V., una prostituta amiga mía, y preguntarle algunas cosas del oficio, regreso con las pilas cargadas. Ahora, María Carolina está sentada en la parte de adelante del local, donde, como ella dijo, le alisan el pelo.

-¿Tienes cafiche? pregunto.

-No, porque no me gusta que me peguen. El día que un hombre me levante la mano, yo se lo corto, ¿entiendes?

-¿Qué te gusta hacer cuando no trabajas?

-Manejar y escribir.

-Jamás pensé que manejar y escribir fueran un hobby.

-De hecho, me gustaría escribir un libro que tuviera un aporte social.

En ese momento aventuro que en una de ésas María Carolina es una interesada con las causas benéficas, como Kenita Larraín o Don Francisco.

-Si veo a un niño que se está muriendo, lo voy a ayudar, ¡obvio! asegura cual Teresa de Calcuta.

-¿Cómo ayudarías a superar la pobreza?

-El tema de la pobreza es complejo. Lamentablemente existen personas que quieren ser pobres. Yo, en cambio, no podría serlo.

Imagino a María Carolina como asesora comunicacional de la ministra de Planificación, Clarisa Hardy.

-Al parecer, ¿tú estás de acuerdo con esa creencia de que el pobre es pobre porque es flojo?

-Lógico, el chileno en general es muy flojo

-...o trabajólico complementa la peluquera.

Mientras recuerdo que detesto el olor a peluquería, la peluquera va agitando la cabeza, como si ella le hubiese enseñado a María Carolina todo lo que dice entre alisado y teñido.

-Pa mí, el sueño de la casa propia prosigue María Carolina no es ningún logro, porque la casa, así como el auto o un buen colegio para tus niñas, son la base para soñar.

En este punto una clienta se acerca a la peluquera para señalarle que es su hora.

-Espéreme un ratito, ya termino. Pajarito, ¿nos vamos a tener que apurar?

María Carolina pone cara de disgusto, como la que pondría cualquier niña si le fueran a quitar un dulce. Sin preguntarle nada, de pronto explica por qué es una puta cara:

-Prefiero ser puta a obligar a un hombre que le dé plata a sus hijos, si eso no le nace.

SHOPPING Y ALMUERZO

Mientras damos vueltas por el Apumanque en busca de quién sabe qué cosa, María Carolina me cuenta que, cuando la famosa Ornella desapareció del mercado, ella se quedó con casi todos sus clientes.

-Eso sí, que yo no soy tan mala apunta, y enseguida pega un chillido en forma de risa.

Después de observar decenas de vitrinas y entrar a una lencería, volvemos al pasillo en donde está la peluquería. Por un segundo pienso que se le ha olvidado algún masaje capilar o algo por el estilo. Afortunadamente, María Carolina sigue de largo y se detiene en Open Bayres.

-A mí no me gustan los cambios bruscos -dice-, así es que jamás me verás con falditas cortas, uñas largas o escotes generosos.

María Carolina se prueba ropa y, mientras Hoppe le toma fotos, confiesa:

-Es loco, pero me fascina que me saquen fotos.

Hoppe se excita, y yo aprovecho la ocasión para consultarle a Jorge, el administrador del local, cómo es María Carolina.

-Muy "calienta" responde confundido , perdón, muy buena clienta. Es de gustos fijos, por lo que nunca se prueba tanta ropa.

-Ella dice que es derrochadora. ¿Compra mucha ropa por vez?

-O sea, nunca tanto como para mandar a traer un carrito de supermercado.

María Carolina se comporta como toda una modelo.

-Sé lo que estás pensando -dice-, pero más que modelo me hubiera gustado ser actriz. Te aseguro que si el canal Playboy me contratara, haría todas las escenas de sexo sin problemas.

Parece que el límite entre actuación y pornografía es invisible para ella.

-Se me había olvidado contarles que soy fanática de las zapatillas afirma y, luego, agrega develando cierto cansancio : Hoy tengo ene cosas por hacer: debo almorzar con mis niñitas, enseguida un par de compromisos y en la noche salida con mi novio.

-Te invitamos a almorzar -propongo.

Ella duda, Hoppe levanta los brazos como si lo estuvieran asaltando, y yo insisto.

-Bueno, vamos. Conozco un restaurante de comida vasca súper bueno. ¿Se animan?

Antes que Hoppe pueda arruinar algo, me apresuro a contestar.

-Álvaro, como andas en auto, te esperamos a la salida del estacionamiento y después nos sigues sugiere María Carolina.

Hoppe acata sin chistar y, lo más curioso, yo también.

Ya adentro de su auto, le consulto a María Carolina si para ella es difícil tener novio.

-Es lo peor que puede existir, y no lo digo por él, sino por mí, que estoy enamorada y me fascina conocer gente y acostarme con ella. De hecho, cuando mi novio -que es contador- vio mi página web se enfermó, porque él no sabía a lo que me dedicaba. Lamentablemente, mi página es una vitrina a mi ego y es muy difícil que la suelte.

-Pero podrías cambiar de vitrina de ego digo.

Hoppe no viene por ninguna parte, así es que lo llamo por teléfono. Sin embargo, tampoco contesta, por lo que María Carolina detiene el auto hasta que el muy perla aparezca.

-¿Qué es lo que más detestas de tu trabajo?

María Carolina coloca un dedo en su sien y enseguida responde:

-Que me llamen mujeres. En verdad, no puedo entender que haya personas que les guste gente de su mismo sexo. Yo podría meterme con tres o cuatro hombres a la vez, pero con una mina nunca.

Hoppe aparece al final y enfilamos hacia el Guria, en donde a María Carolina le cantarán el cumpleaños feliz y en donde confesará que el mejor Presidente que ha existido es Augusto Pinochet. Pero eso no afectará mi apetito. Comeré unos garbanzos con jugo de congrio y camarones ecuatorianos, pero además probaré la cola de buey en salsa de vino que tanto recomendó María Carolina, a quien ya aprendí a querer. Como dijo la peluquera del Apumanque, es un pajarito. Y yo, al menos por hoy, soy un animalista. LND 

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