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  La bizarra noche de Julio Iglesias

  La bizarra noche de Julio Iglesias

  "Hace treinta años hacía el amor antes de cantar; ahora, ¡si hago el amor no canto!", murmuró a sus 12 mil calcetineras el divo. No cantó bien, y de lo poco, en inglés. La infidelidad parece haberle costado cara al español. "No se te entiende nada", le gritaban las mismas que hasta hace algún tiempo pedían una calle con su nombre e incluso fuentes de la productora dijeron que su dicción era "decadente".

Martes 2 de octubre de 2007

"Yo canto porque ustedes me dan permiso, porque me mantienen vivo y porque sé que si no lo hago, muero", soltaba con toda su retórica truhana el mismo Julio que segundos después desafiaba al público, y a su misma muerte, con fe de iglesia: "Pero este puede ser mi último concierto en Santiago porque ya tengo 64 años". El archiconocido truco no le bastó esta vez, eso sí, para invocar en escenario al matador de antaño que todo lo podía. Claro, el tipo proveniente del solarium genealógico de Eduardo Cruz Johnson, ya no es el mismo. Y tampoco lo disimula bien. 64 años no son pocos y más cuando no se es como el vino, si no como la cerveza, que a más años pierde gas y sabor.

Su paso por el Arena Santiago fue errático. Hasta Ítalo Passalacqua lo calificó de "raro", y así lo corroboran fuentes que trabajaron para él, y para el cóctel adscrito al concierto, el pasado 29 de septiembre. El primer desajuste se produjo, ya en la prueba de sonido (efectuada con mucha tardanza), cuando el intérprete de "Hey" tuvo dos encontrones con uno de los integrantes de la banda que lo acompañaba. El músico no lograba llegar al tono de la canción. Después, confiesa un miembro de la productora organizadora del evento, "hablaba pésimo. Lo que más me llamó la atención fue su dicción. Decadente, no se le entendía nada. No creo que estuviera tomado pero su pronunciación era atroz, no sé si por la edad, no tengo idea". Una mesera, que atendía a la mesa de Julita Astaburuaga con canoas de hamburguesa árabe, cherrie y risotto, cuenta que "en un momento empezó a discursear con que Chile era el único país disciplinado de Latinoamérica. La galucha lo empezó a pifiar. Entonces él trató de sacársela con que, eso sí, éramos indisciplinados en el amor. Y de ahí se puso a cantar mucho rato en inglés. Yo escuchaba a las señoras de la mesa que atendía como decían: es un chanta profesional, y después le gritaban: canta en castellano poh, Julito". Ahí, Iglesias desempolvó su capa de torero, cantándose a él y a Chile el happy birthday. Pero nada estaba con él. Entre interjecciones y variaciones del español al inglés sólo se entendían expresiones como: "yesei".

Al final, de Iglesia, nada: directo a la capilla. Con su performance, y con la suspensión de su show en Concepción (que finalmente quedó pactado entre el 13 y 15 de este mes), Julito parece haber rematado una relación que hasta hace una semana no más parecía indestructible. Con doce mil seguidoras que pedían a urbanidad una calle con su nombre y que ahora, tan sólo piden que su amado les cante, pero en español. Y que se le entienda, por favor.

La Nación

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