
Viernes 5 de octubre de 2007
Una sala de clases, cuarenta y cinco niños de segundo básico, inquietos. El profesor al entrar no les dice "buenos días", sino "marhi marhi". No es sólo un taller de lengua mapuche, sino una clase que tiene el mismo estatus que matemáticas o historia.
Así lo han decidio nueve establecimientos educacionales de La Pintana que han incorporado un ramo de cultura indígena, cuyos profesores son miembros de agrupaciones mapuche de la comuna. Muchos se vinieron del sur a trabajar muy jóvenes y tuvieron que olvidar su cultura. Hoy las recuperan y además las traspasan a las nuevas generaciones.
Es el caso de Pedro Inapil, de 52 años, quien enseña a los niños de su curso a tener respeto por la naturaleza, por los demás y a entender el significado de la cosmovisión mapuche a través de leyendas y juegos. Cuando Pedro habla o toca algún instrumento, los niños le miran y aplauden con entusiasmo. Pedro dice que esto es más que aprender un idioma nuevo. "Los niños aprenden los conceptos de respeto y de disciplina de una manera diferente".
Es lo que, según la Ley Indígena, debiera ocurrir en todas las salas de clases. Pero la Educación Intercultural Bilingüe (EIB) es -en muchos casos- una realidad en el papel.
Elisa Loncón, profesora y lingüista miembro de la Red por los Derechos Educativos y Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, dice que estas iniciativas están supeditadas a la libertad de enseñanza, por lo que es decisión de cada sostenedor. Por eso, decidieron hacer patente su malestar por no estar contemplados en la nueva ley. "Para la Ley General de Educación (LGE) somos invisibles", dice.
¿Dónde están?
Elisa Loncón junto a representantes de la Concertación, la Alianza y de la izquierda extraparlamentaria debatieron ayer en un foro acerca de la ausencia de la temática indígena en la LGE. La idea es incluirle tres indicaciones: una en los principios generales de la ley, que separe explícitamente el respeto por la diversidad lingüística, étnica y cultural de los pueblos originarios. Otra, que incluya entre los objetivos fundamentales de aprendizaje la valoración del aporte de los pueblos originarios, con clases interculturales para todos y educación bilingüe para territorios donde se concentre la población mapuche, aymara, rapa nui y lican antai. Por último, que en el Consejo Nacional de Educación -órgano plural que hará recomendaciones al Mineduc- se incorporen participantes que pertenezcan a alguno de estos pueblos. Loncón asegura que las dos primeras iniciativas se han conversado con parlamentarios y son posibles, pero la participación en el Consejo Nacional es más difícil, porque es un organismo que incluso está entre los puntos más conflictivos del debate que en estos momentos tienen la Concertación y la Alianza.
Su fin es que el trabajo intercultural deje de ser una rareza. Porque eso también cierra las puertas a los niños indígenas. "No debe extrañarnos que regiones como la Novena, que tienen más población indígena sean las que tienen más bajo resultado en las pruebas como el Simce", dice Loncón.