Inicio » Mundo

  El choque de fuerzas en Myanmar: un monje por cada soldado

  El choque de fuerzas en Myanmar: un monje por cada soldado

  Mediante vigilancias e intimidación, el Gobierno de la junta militar logró crear un país donde no existe espacio social o político para que las personas se reúnan u organicen en grandes cantidades y los que logran hacerlo como los monjes, seguramente serán purgados tras las protestas.

Viernes 5 de octubre de 2007

Hay un choque épico entre los monjes y los militares en Myanmar (ex Birmania). Por un lado, los conocimientos y los principios no violentos de más de 2.500 años de tradición budista; por el otro: el poder militar enquistado durante 45 años de brutal Gobierno autoritario.

La cantidad de monjes en la ex Birmania se estima entre 400 mil a 500 mil. La cantidad de soldados es de alrededor de 400 mil. Es decir, un monje por cada soldado. Desde el comienzo de las últimas manifestaciones pacíficas, un número no confirmado de monjes fueron muertos a balazos, los monasterios fueron allanados y cientos de monjes han sido encarcelados.

¿Cómo responde la población predominantemente budista de Myanmar a estos ataques contra miembros de su venerada orden religiosa? Imagino que con verdadero horror, como lo ha hecho ante ataques previos (un número no verificado de monjes fueron muertos durante el levantamiento de 1988 y más de 500 fueron encarcelados).

Pero las reacciones de la gente se expresaran a puertas cerradas. El régimen posee una red aterradoramente efectiva de espías e informantes y las personas no siempre están dispuestas a manifestar en voz alta críticas contra el régimen, por temor a arrestos y torturas.

La vigilancia ha sido tan insidiosa que conozco a birmanos (este sigue siendo el gentilicio pues corresponde a la etnia mayoritaria en el país) que no confían en nadie que no pertenezca a su familia inmediata; no hablan abiertamente con primos o amigos cercanos. Cuando le pedí consejo a un amigo acerca de cómo investigar con seguridad en la ex Birmania, me dijo que operara bajo la suposición de que todo aquel con quien conversara era un informante, incluso él.

VIGILANCIA EXTREMA

Tras los sucesos de 1988, el régimen empezó a eliminar todos los cauces posibles de disenso en el país. La comunidad estudiantil, que dirigió y organizó las manifestaciones, fue políticamente neutralizada. Mediante vigilancias e intimidación, el régimen logró crear un país donde no existe espacio social o político para que las personas se reúnan u organicen en grandes cantidades.

Muchos observadores de la ex Birmania, incluida yo, pensábamos que las protestas del tipo de las que ocurrieron en 1988 no podrían volver a producirse, ya que aparentemente no hay manera de alcanzar una masa crítica en un entorno tan opresivo. Y, sin embargo, los monjes volvieron ahora a alzarse en números que habría sido imposible imaginar hace sólo unas pocas semanas.

Son dirigidos por la Alianza de Todos los Monjes Budistas Birmanos, una organización que debe haber venido operando en la clandestinidad, pues muy pocas personas habían oído antes sobre ella. Muchas de mis amistades birmanas no se sorprenden ante sucesos sorpresivos como éste. "En Birmania puede pasar cualquier cosa", dice un amigo.

MAL KARMA

En algún lugar de ese "cualquier cosa" está la posibilidad de un motín en el Ejército. Para muchos soldados, recibir órdenes de disparar contra un monje, o de golpearlo, va en contra de lo más íntimo de su formación espiritual y les asegura llevar la carga de un mal karma durante las vidas que vendrán.

Y los soldados rasos comparten ciertas similitudes con el resto de la población: también ellos son pobres, maltratados y tienen miedo.

Uno de los tantos rumores que circulaba en Myanmar durante las protestas de las últimas semanas y la represión consistía en que podría haber un cisma en el Ejército. Se dijo que tropas del centro del país estaban avanzando sobre Rangún. Unos decían que venían a desafiar a los soldados más que atacar a los monjes; otros decían que venían a reforzarlos.

Fueran ciertos o no esos rumores, son con frecuencia barómetros representativos de las esperanzas y temores de la gente: ¿vienen a liberarnos o a reprimirnos?

Pero como el Ejército logró aplastar este alzamiento el régimen procederá ahora a purgar la orden monástica de los que gusta llamar "elementos destructivos" y más monjes todavía serán encarcelados y torturados.

Los agentes de inteligencia del régimen se afeitarán sus cabezas e infiltrarán a los monasterios, orando entre los monjes como uno más de ellos. Se borrará el poco espacio que alguna vez hubo entre los monjes para las organizaciones políticas. Un nuevo intento del pueblo por hablar de sus sufrimientos se habrá silenciado.

The Observer

La Nación

Agustinas 1269 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59

Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala

© Empresa Periodistica La Nación S.A.
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.