
Viernes 5 de octubre de 2007
La velocista estadounidense Marion Jones, quien podría ser despojada de las cinco medallas logradas en Sydney 2000, admitió hoy ante un tribunal neoyorquino que cometió delitos ligados al consumo de esteroides para mejorar su rendimiento.
El Comité Olímpico Internacional (COI) había informado previamente que Jones debería resignar sus tres oros y dos bronces obtenidos en Australia hace siete años en caso de declararse culpable en los estrados judiciales, como finalmente sucedió esta tarde.
La confesión de Jones provocó conmoción en Estados Unidos, donde hasta el presidente George W. Bush se mostró "apenado" por la revelación, en tanto que el titular del Comité Olímpico Australiano, John Coates, exigió que se le quiten a Jones todos sus honores de la cita de Sydney.
Coates aseguró que "la injusticia que sufrieron las adversaria de Jones no tendrá remedio", pese a cualquier medida que se tome. Jones ganó el oro en 100, 200 y la posta 4x400m y bronce en salto en largo y en los relevos 4x100 de Sydney, tras lo cual fue apodada "la reina de la velocidad", pero años después al desatarse el escándalo del laboratorio BALCO quedó salpicada por las sospechas.
El jueves por la noche el diario "The Washington Post" informó que Jones planeaba declararse culpable de mentirle a agentes federales y admitir el uso de drogas.
La versión se basó en una carta que la atleta envió a una amiga, quien la leyó por teléfono a un cronista del periódico.
Al arribar a la corte de White Plains, Jones, de 31 años, debió someterse a la toma de sus huellas dactilares.
La ex reina de la velocidad arriesga una condena de seis meses de prisión por los delitos que se le atribuyen, además de las sanciones deportivas que se anticipan.