Inicio » Mundo

  Irak y su Ejército de soldados indolentes

  Irak y su Ejército de soldados indolentes

  "Jundi" es el término árabe para "soldado" y en Irak, desde la carnicería de la guerra con Irán, la palabra tiene un tono de simpatía y conmiseración.

Sábado 6 de octubre de 2007

En el medio de Bagdad, en la ribera norte del Tigris, controlada por los chiítas, se alza un monumento que ha sobrevivido hasta ahora a las purgas contra los memoriales de la era de Sadam Hussein emprendidas desde la caída de su régimen. Es una estatua del primo, cuñado y por largo tiempo ministro de Defensa de Sadam, Adnan Khairallah.

Quien quiera especular sobre la fuerza y el potencial de los militares iraquíes debiera pensar un poco en Khairallah. Era hermano de la primera mujer de Sadam, Sajidah Hussein, y hace 20 años estaba en la cúspide de su carrera. Irak se había desangrado en una guerra contra Irán; cientos de miles de sunnitas y chiitas árabes habían muerto. En junio de 1988 se produciría un cese del fuego, pero todavía faltaba para el más oscuro episodio de la historia de Irak: el gaseo de los kurdos.  

El principal soldado de Sadam de esa época disfrutaba, sin embargo (y todavía disfruta), de amplia popularidad. "Adnan Khairallah", dice el teniente del Ejército Misbah Husseini, un chiíta de Basora de 29 años, "fue un patriota, un excelente líder en terreno y un hombre sobresaliente".  

Los críticos del general Petraeus, comandante de las fuerzas estadounidenses en Irak, dicen que su aspiración por desarrollar un Ejército fuerte y unido es inútil es un país tan dividido por la raza y la religión como Irak. Lo que falta, dicen, es cohesión social, una tradición común e incluso un líder individual que pueda trascender la brecha religiosa.  

Khairallah, un sunnita (de hecho un Tikriti del círculo familiar íntimo de Sadam) fue una excepción notable. Aun más que Sadam, logró operar un Ejército mayoritariamente chiíta en una guerra contra los chiítas de Irán.  

La historia de su muerte en 1989, en un accidente de helicóptero supuestamente organizado por el propio Sadam, no hizo más que reforzar su mito y podría explicar por qué su estatua no ha sido demolida. Su prestigio está vivo, incluso en las mentes de los oficiales chiítas de las fuerzas armadas del Irak de post-guerra.  

"SÓLO UNOS POBRES JUNDIS"  

Desde que se inició el "incremento" estadounidense en febrero, las brigadas del nuevo Ejército iraquí se han rotado en despliegues de tres meses desde el sur y el este del país hacia zonas de batalla dentro y alrededor de Bagdad. Al igual que gran parte de la nueva ofensiva destinada a controlar el centro de Irak, los resultados han sido "desiguales".  

Algunas unidades iraquíes combaten valerosamente junto a sus aliados estadounidenses, toman la iniciativa en situaciones riesgosas y se van a dormir temprano para estar en condiciones para patrullajes matutinos. Pero otras permanecen indolentes. Sólo esperan regresar donde sus familias.  

Los civiles que se movilizan temprano dicen lo mismo respecto de los puestos de control operados por soldados iraquíes dentro y alrededor de Bagdad. A las 5 AM, cuando se levanta el toque de queda, cuatro o cinco soldados cargando Kalashnikovs chequean cada vehículo. Pero hacia mediodía, la mayoría de las tropas se refugia en la sombra de sus bunkers de concreto y juegan con sus teléfonos móviles. Se levantan con reticencia si se aproxima un potencial vehículo explosivo.  

"Son sólo unos pobres jundis", dice un médico oftalmólogo. "Jundi" es el término árabe para "soldado" y en Irak, desde la carnicería de la guerra con Irán, la palabra tiene una tonalidad de simpatía y conmiseración.  

Los traductores militares iraquíes saben mejor que nadie por qué es tan difícil motivar a las tropas. Estos traductores solían ser profesores, expertos en computación e ingenieros de la industria petrolera. Cientos de ellos ayudan a los estadounidenses, aunque usan máscaras para no ser reconocidos y responden a nombres no tradicionalmente iraquíes como "Jimmy", "Charlie" y "Mike".

Estos traductores escuchan y ven más cosas que muchos otros en Irak: saben en qué desconfían los iraquíes de los estadounidenses y escuchan las quejas de estos contra los iraquíes.

El mayor estadounidense James Orr dice que los remanentes burocráticos de la era de Sadam son la causa de numerosos problemas para los oficiales iraquíes. Orr trabaja en el Equipo de transición militar, que coordina la cooperación militar iraquí-estadounidense. "Un comandante iraquí de batallón rara vez tiene más de dos tercios de sus efectivos a su disposición debido a las normas sobre vacaciones que existen en el Ejército iraquí", explica.

Los traductores mencionan otros problemas. "Te das cuenta de inmediato cuando la mayoría de los soldados de una unidad estaban en el Ejército antes de la guerra", dice "Tony", que sirvió en el Ejército entre 1993 y 1994. "En ese tiempo, si no tenías ambiciones, daba lo mismo ser chiita o sunnita", señala.  

UN TRABAJO SEGURO  

A los estadounidenses no les gusta particularmente discutir sobre las querellas entre sunnitas y chiítas y de sus implicancias para los militares. Pero los iraquíes sí lo hacen. Muchos consideran un secreto a voces que la marina y las divisiones de infantería del nuevo Ejército están en manos chiítas y que la fuerza aérea es predominantemente kurda.  

Sin embargo, todos los ministros de Defensa de la post-guerra han sido sunnitas. Por supuesto, el cuerpo de oficiales en tiempos de Sadam estaba dominado por los sunnitas. Eso era porque la tribu de los Tikritis de Hussein, que controlaba al país, era sunnita, como el mismo Sadam. Eso se sabía y se daba por descontado y nadie en el anterior Ejército se preocupaba por la religión o las políticas sectarias por el poder. Observadores seculares de ascendencia tanto sunnita como chiíta dicen que la situación cambió desde 2003.  

El sectarismo, sin embargo, ha sido una carga todavía más pesada sobre las diversas fuerzas policiales de Irak que sobre su letárgico Ejército. Los líderes de las milicias chiítas quieren dominar las ciudades donde, según calculan, el verdadero poder de largo plazo está, no en los militares del país, sino en la policía local y nacional y en los servicios de inteligencia.  

Para el soldado medio, el Ejército no ofrece más que un trabajo seguro. Pero una presencia fuerte en las fuerzas policiales garantiza a los líderes sunnitas y chiítas una influencia perdurable en la guerra civil sectaria.  

Una comisión encabezada por el general estadounidense y ex comandante de la OTAN James Jones esbozó las posibles consecuencias en un informe al Congreso de Estados Unidos. El Ministerio del Interior de Irak, es un Ministerio "sólo en el nombre", dijo el informe, infiltrado por miembros de las milicias y manejado por burócratas corruptos.  

La comisión sugirió que la policía nacional sea desbandada y reconstruida. Una iniciativa radical que el portavoz del Gobierno Ali al-Dabbagh descartó de plano. Pero informaciones recientes tienden a respaldar la posición estadounidense: el mismo Al-Dabbagh anunció que un total de 14.000 empleados del Ministerio del Interior han sido ya despedidos por "falta de respeto a los derechos humanos".  

EL ÚNICO SOSTÉN DEL ESTADO  

Los iraquíes (enfrentados a una elección imposible entre Ejército y Policía) han hallado sus propias maneras de sobrevivir. Evitan pasar por los puestos de control operados por elementos que no lleven uniformes del Ejército. Actualmente, la carretera entre Bagdad y el templo chiíta de Nayaf tiene 12 puestos de control y, para alivio de los peregrinos chiítas, todo están ocupados por tropas del Ejército nacional.  

"Examino sus caras desde lejos", dice el conductor de un autobús que lleva todos los días a deudos hacia el enorme cementerio chiíta en Nayaf. "Mientras más viejos los soldados, mejor. Aprendieron su trabajo antes de la guerra".  

Puede que los "jundis" no siempre estén a la altura de las exigencias de la vida del soldado, pero los iraquíes han aprendido a vivir con compromisos. Los críticos que dicen que un ejército fuerte es imposible en Irak están equivocados: el rey Faisal echó las bases de un ejército en los años 30, luego intentó construir un estado en torno de él. Sólo logró concretar parte de su visión.  

Los golpistas de los 50 y los 60 derrumbaron todo menos al ejército. Los estadounidenses pensaron que sabían más: pero cuando disolvieron al derrotado ejército de Sadam liberaron también al virus del sectarismo. Si Irak permanece unido, tendrá que mantener en pie a su Ejército: un Ejército unido podría ser el único sostén del Estado.

La Nación

Agustinas 1269 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59

Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala

© Empresa Periodistica La Nación S.A.
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.