
Sábado 6 de octubre de 2007
Una de las mejores cosas que nosotros, es decir, las máquinas ecológicas, podemos hacer por la madre Tierra es huir de la oficina y trabajar desde casa. Más de 3,4 millones de personas laboran regularmente desde la comodidad de la pieza de invitados, reduciendo las emisiones de carbono que resultan del transporte, al evitar trasladarse a diario a sus oficinas e incrementando su productividad al evitar chacharear con sus colegas.
Pero los que trabajan en casa pueden reducir aún más su huella de carbono. Comencemos con su atuendo. Las oficinas exigen una camisa blanca limpia todos los días, lo que significa ciclos calientes regulares en su lavadora (y el uso de los correspondientes blanqueadores). Deshacerse del uniforme implica menos ropa sucia y menos lavado y secado. ¿Quién se va a enterar de lo que usted se puso? Ahorre electricidad y agua quedándose en pijama.
La higiene personal también importa menos. Obviamente, su pareja no quedará demasiado impresionada si usted simplemente deja de bañarse completo. Pero el hecho de evitar el sudor y la suciedad del viaje diario al trabajo, sin mencionar los de la propia oficina, significa que ya no serán necesarias esas largas duchas calientes.
De hecho, al trabajar desde casa puede ahorrar un montón de electricidad. Su oficina tiende a estar constantemente iluminada y su casa no tiene porqué estarlo. Restrinja su jornada de trabajo a las horas de luz y sitúe su escritorio frente a la ventana, garantizando el máximo de luz natural. Asegúrese de usar ampolletas de alto rendimiento (económicas), encendiéndolas sólo en la habitación que está ocupando.
¿Y en invierno?
Cuando se trata de calefacción -tanto para mantener el calor como para enfriar el aire- el trabajo en casa comienza a parecer una idea no tan ecológica. Las emisiones de carbono adicionales provenientes de la calefacción y el suministro eléctrico a su oficina en casa, pueden pesar más que las emisiones de CO2 que usted ahorre al dejar de trasladarse al trabajo.
A menos que usted tenga aire acondicionado en casa, debe tratar de mantener la temperatura sin empañar sus credenciales ecológicas. Pero no recurra al ventilador. En su lugar abra un poco las ventanas del frente de su casa, y considerablemente las ventanas del fondo para permitir una buena circulación de aire. Si se torna muy caluroso, desnúdese -¿quién se va a enterar?
El principal problema llega en invierno, cuando los que trabajan en casa suben los calefactores en cada una de sus viviendas, en lugar de acurrucarse todos juntos en la oficina. Quien tenga mentalidad ecológica debe evitar mantener encendida la calefacción, y en su lugar recurrir al espantoso suéter tejido por algún pariente loco. También usar guantes, para terminar de parecerse a Bob Cratchit, el abnegado y fiel personaje de Dickens que sólo ganaba 15 chelines.
¿Le parece que suena un poco exagerado? Según la consultora ambiental WSP Environmental, mientras el trabajador promedio de una oficina produce 1,68 toneladas de CO2 al año, uno que trabaja en casa a tiempo completo emite 2,38 toneladas, en parte porque la calefacción y la electricidad de una oficina se comparten entre el personal. La solución puede ser trabajar en la oficina durante el invierno, y en casa el resto del año.