
Lunes 8 de octubre de 2007
-¿Cuál es la pregunta más importante que se ha hecho a sí mismo?
-Existo o no existo es la pregunta más importante en un mundo manipulado, sobre todo en las dictaduras, las actuales y la que yo viví cuando salí de Auschwitz.
-¿Y cuál es su respuesta?
-Existo, y eso va acompañado de un trabajo sinfin, ya que formar parte de una masa de seis millones de personas sin nombres ni apellidos te empuja a lo contrario.
-¿Es usted una ficción?
-El hombre es una ficción, pero en un mundo dictatorial, decidir si uno vive su ficción o se entrega a las mentiras del régimen requiere ser muy consecuente, y eso es lo importante.
-¿Ha aprendido usted a vivir sin asideros?
-Así es, y eso es clave para liberarse de las ideologías violentas. En medio del gran ruido que nos rodea es fundamental crear un pequeño silencio dentro de uno para poder empezar a pensar con serenidad, ya que todo empieza en el pensamiento.
-¿Qué ha aprendido de esencial del ser humano?
-En el comunismo la única realidad que existe es la que está fuera de nosotros, la objetiva. Y ésa es una mentira muy peligrosa porque uno se adapta a un mundo falso y yerra su vida.
-¿Ha encontrado el porqué del Holocausto?
-Hay quien lo explica insertándolo dentro del sufrimiento de la historia del pueblo judío, pero yo no soy religioso, no acepto pertenecer a una masa. Yo tengo que elaborarlo individualmente.
-¿Cómo se sacude uno la culpa del superviviente?
-De lo negativo extraigo el material que utilizo en mis novelas y lo transmuto en positivo. Pero lo que a mí me salvó es que tenía 15 años cuando viví el horror, y como niño tenía confianza en el mundo. Otros, que lo vivieron ya adultos, como Jean Améry, mi escritor favorito, acabaron suicidándose.
-El mal siempre se puede explicar, dice usted.
-El mal siempre parte de intereses individuales; el bien, sin embargo, se sitúa más allá de la capacidad de raciocinio, no tiene porqué. Lo malo del mal es que se presenta como el bien. Los verdaderos canallas siempre vienen a salvar el mundo y todo ocurre con las mejores intenciones.
La Vanguardia
The New York Times Syndicate