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  ¿Algas contra el cambio climático?

  ¿Algas contra el cambio climático?

  Científicos prueban la capacidad de las algas para absorber dióxido de carbono y generar a partir de su propia biomasa un combustible menos contaminante que la gasolina.

Lunes 8 de octubre de 2007

Investigaciones sobre el uso de algas para capturar dióxido de carbono están cambiando la percepción negativa de esos organismos. Hasta hace poco la proliferación de algas era vista como una consecuencia indeseable del abuso de agroquímicos, cuyos resultados inmediatos eran pestilencia, irritaciones cutáneas y la muerte de la fauna acuática, en especial marina, por falta de oxígeno.

Pero su potencial para absorber uno de los gases de efecto invernadero causantes del recalentamiento planetario puede resultar clave. Como los vegetales, las algas consumen carbono durante la fotosíntesis. "Tomamos algas del océano, las instalamos en recipientes plásticos en invernaderos, donde las alimentamos con dióxido de carbono emitido por generadores eléctricos convencionales", explicó en una entrevista el biogeólogo Laurenz Thomsen, de la Universidad Jacobs, en la septentrional ciudad alemana de Bremen.

"Expuestas a la luz solar, las algas transforman el dióxido de carbono en biomasa que puede ser utilizada después como biodiésel, cuya combustión no emite gases invernadero".

El Greenhouse Gas Mitigation Project (GGMP, Proyecto de mitigación de gases de efecto invernadero) es coordinado por Thomsen, con cooperación de la Universidad Superior Politécnica, el Instituto Alfred Wegener para la Investigación Marina y varias compañías, como el proveedor europeo de electricidad E.ON.

Thomsen bautizó "Algenreactor" (reactor a base de algas) al pequeño invernadero experimental instalado en la Universidad Jacobs, donde las algas transformaron el carbono en combustible orgánico. El proyecto sólo funciona en fase experimental, produciendo hasta ahora medio litro de biodiésel. "El diésel es absolutamente orgánico. Satisface las normas europeas. Confío en que podremos pasar a una fase industrial en los próximos meses", señaló.

Fritz Henken-Mellier, director de la central termoeléctrica de Farge, situada en las afueras de Bremen, coincide con esa previsión. Algunas de las emisiones de dióxido de carbono de esa generadora que funciona a carbón fueron capturadas por el GGMP.

"Necesitaremos construir un invernadero de cientos de metros cuadrados para que la captura del dióxido de carbono y la producción de biodiésel correspondan a las dimensiones de una central comercial", dijo.

Henken-Mellier calcula que "la captura de sólo 10% de los gases emitidos por el generador de Farge implica reducir unas 600 toneladas diarias de dióxido de carbono".

Según Thomsen, la superficie de un invernadero capaz de absorber el dióxido de carbono de un generador de 350 megavatios y de transformarlo en biodiésel, debería ser de unos 25 kilómetros cuadrados y tendría costos de unos 480 millones de dólares, una suma pequeña comparada con las de cultivos convencionales para obtener biodiésel y reducir los gases nocivos en dimensiones similares a las del "reactor a base de algas".

Pero el proyecto no convence a todos. "Esos cálculos son muy ingenuos", aseguró Karl-Herrmann Steinberg, dueño de la productora de algas más importante de Europa central.

En todo caso Thomsen señaló que ya están negociando con firmas alemanas y extranjeras, de Brasil e India, que manejan grandes cultivos de algas".

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