
Domingo 14 de octubre de 2007
Sale al fin publicado un libro que estábamos esperando casi sin darnos cuenta. La tercera parte de esa gran novela que se llama "Tu rostro mañana" y que lleva por título "Veneno y sombra y adiós", de la pluma de uno de los grandes escritores de la lengua española contemporánea, Javier Marías. Está tan cerca de nuestra lengua que a ratos no se puede creer en la calidad de su estilo. "Tu rostro mañana" es la desequilibrante aventura literaria de un espía que habla en sordina, con la acción en pausa, detenida, trabajando cada instante como si fuera el último y también el primero. Libro indispensable de un escritor indispensable.
Quizás, junto a Luis Mateo Díez mucho menos leído todavía y ya eso es mucho decir , de los más importantes escritores españoles de nuestra época. Se revuelcan muchos en su tumba o en su lecho.
Hablo de grandes escritores y podría también aplaudir a Enrique Vila-Matas, que publicó "Exploradores del abismo", una colección de relatos del escritor más cáustico ante el mismo hecho de leer y escribir. Da miedo leerlo. Como que puede corroer las mismas ganas de escribir, como que denuncia en cada línea la ilusión completa y perversa de la literatura.
Difícil contar la historia de la literatura sin ellos. Javier Marías ya nos había deslumbrado desde su arranque definitivo en "Corazón tan blanco", pero es en "Todas las almas" donde construye el personaje de su última obra maestra.
Anhelo el tiempo que pase para poder hojearlo como es debido. Tal vez en un viaje o con un viajero pueda conseguirlo. Un libro es un artículo de lujo en un país como el nuestro. Un libro extraordinario, un lujo en cualquier lugar del planeta. Su aparición, un simulacro de una esperanza sagrada.
Otro que se consolida y entrega lo mejor de sí es Cormac McCarthy con "La carretera". Su estilo seco, desencantado, feroz, da un cierto giro en esta novela que me dicen promete como lo mejor suyo, como "Meridiano de sangre" o "Todos esos hermosos caballos", sus obras maestras, que le abundan. Otro imperdonable.
Pero la gran joya que esperamos todos es la traducción al español de lo que se llamará, seguramente, "Los benevolentes", como la han traducido al portugués. Obra única y tremenda de Jonathan Littell, un yanqui cuarentón que de pronto saca de la manga un libro que es puro trabajo y gran inspiración y lo publica en francés, se gana el Premio Goncourt del 2006 y vende casi un millón de ejemplares.
Una amiga de esas que leen en serio lo compara directamente y sin vacilar con Proust, al que ella conoce mucho, y otros hablan de un parentesco con el Tolstói de "La guerra y la paz". Esos novelones enormes, esta vez sobre el holocausto desde la narración en primera persona de un imaginario oficial de la SS encargado de dirigir el exterminio de los judíos. Su voz de "buena persona", inquietante como los personajes de "La vida de los otros", ese peliculón sobre la Stasi, la policía política de la RDA, siniestro como la amabilidad de colegas que trabajaron para la CNI y eran padres ejemplares, vecinos ejemplares.
"Los benevolentes" avanzan como el gran evento literario de Occidente. Pero una extraña paciencia obliga a esperar la traducción definitiva. Pude leer un capítulo en portugués y es pura dinamita. Mi portugués, pólvora mojada. Por eso espero. Mientras la vida política de este país se parece cada vez más a un episodio de la teleserie "Dinastía", prefiero leer. Mejor. Echaba de menos grandes títulos: ahora los hay. LND
* Director de la carrera de Literatura de la Universidad Finis Terrae.
