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  Intolerable

  Hoy el pool de panelistas hace agua en medio de una pauta de entrevistados que parece copiada del canal del Senado: políticos profesionales que van a repetir el libreto falso que acordaron con sus asesores de prensa. A pesar de este mal momento, el "Tolerancia…" es muy necesario.

Domingo 14 de octubre de 2007

"Tolerancia cero" está guateando. Desde que se fue Fernando Paulsen el programa perdió la brújula, no porque Paulsen fuera una lumbrera, pero él le ponía datos, contexto e interpretación a un tipo de discusión que siempre tiene el riesgo de transformarse en un festival de obviedades y lugares comunes.

El "Tolerancia " nunca fue el clásico espacio para resumir la semana política, formato que aún se estila en otros canales vecinos. Éstos aún permanecen cazados por la obsoleta y predecible lógica binominal con la que se ha cuoteado cada metro cuadrado de una transición que se acabó hace rato para el país real, algo que al parecer nadie le ha informado a los ejecutivos del rubro.

En el clásico de Chilevisión, en cambio, se respiraba la intención de una conversación libre; la búsqueda de una agenda abierta hacia los grandes temas de interés público, cuestión definitivamente más interesante que la coyuntura política pauteada por "La Segunda" del viernes o "La Tercera" del domingo.

Es cierto que Alejandro Guillier y Sergio Melnick más el segundo que el primero cumplen con discreción la pulsión básica de la división Concertación-Alianza, que en rigor es un espejismo tras el que se oculta la verdadera repartición del poder en Chile, más compleja, pragmática e invisible. Ambos rascan donde no pica. Sin embargo, sus discursos se hacen absolutamente soportables, tal como en el fútbol el intrascendente rechazo de un defensa puede dar origen a la fantasiosa jugada del 10 del equipo, y terminar con la ovación de la galería. Ese rol lo venía jugando, con altos y bajos, el inteligente, insoportable y descreído Fernando Villegas. El sociólogo gambetea su retórica contundente hacia un lado y otro, logrando marear a buena parte del respetable, que muchas veces no sabe para dónde va. Es cierto que Villegas juega demasiado al sofista, pero también lo es que su personaje aporta libertad de conciencia y juicio crítico, dos valores escasos en el inventario de las virtudes nacionales. Por eso, la idea de poner al chascón de notero, con la ingenua intención de ablandar con imágenes el formato televisivo "conversación", fue un disparo en el pie del programa. Esa densidad, ese rescate de la discusión pura y dura que la elite chilena no ha hecho en otras instancias, permite que cierto público alejado de la pantalla chica prenda obligatoriamente la tele el domingo en la noche.

Pato Navia aportó, por algunos capítulos, la frescura de una generación para la que la guerra fría se acabó hace rato. Pero hoy el pool de panelistas hace agua en medio de una pauta de entrevistados que parece copiada del canal del Senado: políticos profesionales que van a repetir el libreto falso que acordaron con sus asesores de prensa. A pesar de este mal momento, el "Tolerancia " es muy necesario. Un par de personajes de fuste en su mesa no le harían nada mal. Propongo a Carlos Peña, Rafael Otano o a don Héctor Soto, quien, liberado de la mordaza editorial que significa trabajar para Ricardo Claro, puede resultar notable. ¿Matías del Río? Es un tipo simpático, bonachón y na f, que lo hace estupendo comentando noticias en la radio. LND

 

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