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  Hualañé y el mito de Manolo, el Matador

  Hualañé y el mito de Manolo, el Matador

  El imaginario popular y la realidad se mezclan en las explicaciones que dan los hualañesinos respecto de cómo el VIH se instaló en un pueblo de "machitos bien machitos". El chivo expiatorio es un bisexual, Manolo; sin embargo, el primer caso detectado es de un hombre de familia, que apenas es mencionado por los lugareños.

Domingo 14 de octubre de 2007

Recuerdo de su padre", reza el epitafio sin fecha de nacimiento de Manuel A., o Manolo el Matador, como lo llaman en Hualañé. El natalicio negado en la lápida, como si se tratara de un mal augurio, contrasta con la firmeza en que su muerte está grabada en su tumba y en la memoria colectiva del pueblo: a él se le atribuye, en una mezcla de realidad, ficción y prejuicios que resulta imposible de precisar, el haber propagado el VIH en el pueblo.

Que postuló a Míster Chile en los 80, que sedujo a una decena de jóvenes, que prostituyó a otros cuantos, que en su lecho de moribundo confesó un abuso en su infancia y una planificada venganza en contra de sus coterráneos, que luego, arrepentido, le entregó a un sacerdote una lista con más de 80 contactos sexuales para que éste les avisara que estaban contagiados. Que era guapo y tinterillo, fiestero y simpático, y a la vez "una perra en leva" y un asesino encubierto. Todo esto se dice respecto del hombre "raro" que, supuestamente, introdujo el sida en una comuna de "machitos bien machitos", pero que ostenta, según cifras del Ministerio de Salud, la tercera tasa más alta de VIH, con 258 casos por cada 100 mil habitantes, precedida sólo por Santiago y Providencia.

Tras esta explicación al estilo Fuenteovejuna se esconde el rechazo a la bisexualidad de un hombre que, contra toda creencia, no fue el primer caso detectado en el poblado de la Región del Maule. Porque, si de un chivo expiatorio se trata, habría que remontarse a la iniciación sexual de un joven que, patrocinado por su padre, viajó a Curicó para debutar con una prostituta brasileña infectada.

A este hombre actualmente viudo se vincula gran parte de los diagnósticos de principios de los 90, incluidos los de las trabajadoras de las dos casas de remolienda de la localidad, rubro que está prácticamente extinto; otros tantos son, efectivamente, de la órbita de Manolo, que habría sido, en realidad, menos fogoso y maligno de lo que el mito urbano consagra.

Emmanuel y la lista negra

Fanático del cantante mexicano que popularizó "La chica de humo", Manolo bautizó como Emmanuel la peluquería que instaló en 1990 en una de las principales calles de una ciudad que hoy cuenta 15 mil habitantes. Fue un triste retorno a su tierra natal: sus padres no quisieron recibirlo en el hogar, porque después de 20 años en la capital y una separación matrimonial a cuestas, con una hija que hoy está casada, Manolo había regresado "amanerado y fiestero", un gran pecado en una zona rural donde el rumor de que era "mariconcito" se expandió rápidamente. Manolo, a su regreso relata Gabriel, el único hermano que estuvo cerca de él hasta que falleció en 1993 , sabía que estaba contagiado, pero no vislumbraba la relevancia de su enfermedad, al punto de que mantuvo relaciones íntimas sin protección con varios jóvenes.

Emprendedor y busquilla, Manolo decoró el living de la casa que arrendó, y en la que vendía jeans de marca, con una fotografía que se tomó con Pedro Carcuro cuando pisó los estudios de TVN para postular a Míster Chile. Este lugar fue también el escogido para realizar, al menos dos veces al mes, bullados encuentros que horrorizaron a los vecinos y a sus familiares. A este sitio llegaban también adolescentes a comprar ropa. Más de alguno habría sido seducido por el Matador, un guapetón mayor, rubiecito y de ojos claros.

"Nadie aquí hacía vida con él. Mi papá no quería verlo, por todo lo que se decía de él", recuerda su hermano. La democracia recién se estrenaba en el país y la diversidad no era precisamente aceptada; menos, la orientación sexual de alguien que en ese entonces tenía 43 años. "Se comentaban cosas, que era raro, pero nunca hablamos del tema. Tampoco teníamos idea de que tuviera sida. Se enfermó nomás y yo lo llevé a Santiago, pero nunca supe nada. Él sí sabía que tenía VIH, porque no se le iba ni una. Él tenía claro todo", acota.

"No creo que él haya querido vengarse de nadie, porque era buena gente. Lo malo que hizo fue que no se preocupó de avisarle de su enfermedad a la gente con la que estaba, nunca les dijo a quienes se metieron con él. Se descuidó", prosigue Gabriel.

¿Hubo un afán en Manolo, como aseguran en Hualañé, de castigar al pueblo? Esta teoría no tiene mucho sustento y un argumento para afirmar aquello es el escaso conocimiento que incluso el personal médico tenía hace más de 15 de años de cómo se transmitía el VIH. La narración de Gabriel es emblemática: "En Curicó, cuando él murió, la enfermera me entregó unos guantes para que recibiera su ropa. Le pregunté para qué me pasaba guantes y me dijo que era para que no me infectara con el bolso. Con eso yo me hice una idea de cómo lo habían atendido en el hospital".

Otra de las hipótesis que se erigen en torno a Manolo es que días antes de su deceso, el 24 de noviembre de 1993, habría tenido un súbito arrepentimiento y decidió, en secreto de confesión, entregar una lista con los nombres de 80 personas, hombres y mujeres, con las que habría compartido algunas noches de pasión.

Lo concreto es que efectivamente escribió una nómina y se la dio al párroco local de aquel entonces, el fallecido sacerdote Carmelo González. Pero en ella constaban no más de 10 personas, todas de sexo masculino. "Yo estaba presente cuando le pasó los nombres de gente con la que se había contactado de esa manera que usted ya sabe... [relaciones sexuales]. Dicen que habían como 80 en la lista, pero es mentira", sentencia Gabriel.

El pesado estigma

Su versión coincide con la de la matrona Denis Michea, desde 1991 a cargo del control de seropositivos en Hualañé, quien asegura que en el trasfondo del veredicto popular contra Manolo hay bastante de rumor y segregación hacia una minoría. "Este es un pueblo chico en que la gente se conoce, y porque ven a alguien parado al lado de otra persona, ya se establece que hubo algo más. Se creía que Manolo estuvo con la mitad de la gente de acá y no es cierto. La tasa aquí es alta porque la población es de 15 mil personas", acusa.

Si la verborrea de la gente asoma cada vez que se menciona a Manuel A., el silencio es la norma si se pregunta si algún amigo o conocido es o fue portador. Ello, pese a que evidentemente en una localidad pequeña no es difícil estar al tanto de la condición de alguna de las 20 personas contagiadas que han muerto allí. "Han fallecido varias de las personas que detectamos desde el 89 a la fecha. De los vivos, la mayoría son adultos jóvenes y hay tres niños. En uno de los casos, ambos padres murieron".

En cifras, Hualañé tuvo, a mediados de los 90, 35 casos notificados. Hoy se habla de 15 personas viviendo con VIH. En el peor escenario para la comuna, y si se sigue la norma internacional de multiplicar el número de casos detectados por 3,3 que desconocen la situación, podría haber hasta 115 personas portadoras, aunque es bastante irreal hacer este cálculo porque las redes, en general, se extienden sin reglas geográficas. Manolo, por ejemplo, contrajo el virus en Paraguay.

Este tipo de digresiones son conocidas por los hualañeninos, que desconfían del trato que les da la prensa, porque, explica el profesor Claudio Silva, "los periodistas han estigmatizado al pueblo". "Todos nos miran como bichos raros. No me gusta darle vueltas al asunto, es feo que los mismos habitantes de acá hablemos del tema. Hubo un tiempo en que se decía que Hualañé era el pueblo de los sidosos", alega con vehemencia. A él se suman dirigentes vecinales, agricultores, comerciantes y dueñas de casa que aseguran que hay un ambiente adverso, al extremo de que la recomendación para los jóvenes que estudian o trabajan en otras ciudades es que nieguen su origen. "Ellos dicen que son de Curicó o Iloca, y es mejor así, porque si no los tratan mal", es una consigna que se repite con frecuencia. Sin embargo, los adolescentes y veinteañeros de Hualañé, supuestamente rechazados por su procedencia, manejan la prevención del sida con una certeza inusitada.

Reciben charlas semestrales y tienen acceso a preservativos, los que, afirman, utilizan siempre. Damián Valenzuela, alumno de cuarto medio, tiene clarita la película: "El VIH se contagia casi siempre por vía sexual. Se previene con condones o no teniendo relaciones, pero eso ya es más difícil. Aquí venden condones en la farmacia y en el hospital los regalan".

"La gente de otros lados puede decir que Hualañé está lleno de sida, no vienen para acá por eso. Escuchan el nombre del pueblo y se espantan. Pero son ellos los ignorantes", subraya.

Cuando se pregunta a los estudiantes cómo llegó el sida a Hualañé, repiten lo que han escuchado: "Un peluquero llegó con esa maldad, con el sida, y así se fue pegando...". La leyenda de Manolo, el Matador, se condimenta en el imaginario de las nuevas generaciones. "Era guapo, rubiecito, pero mala gente", acotan los adolescentes, mientras en el cementerio del pueblo descansa, más en paz de lo que todos creen, el señor que tarareaba por las calles del pueblo, impunemente distinto, las melodías AM de Emmanuel. LND

 

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