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  El milagro de la unidad DC

  El milagro de la unidad DC

  Cuando muchos esperaban con avidez un nuevo enfrentamiento entre alvearistas y colorines, primó el sentido de responsabilidad y se evitó que la sangre llegara al río.

Domingo 14 de octubre de 2007

 Quizás fue el espíritu del cardenal Raúl Silva Henríquez, omnipresente en las instalaciones del Colegio Salesiano Don Bosco, el que produjo el milagro en el V Congreso Ideológico de la Democracia Cristiana: que alvearistas y colorines llegaran a un acuerdo. Pero lo más probable es que no haya sido milagro, sino puro realismo político ante las expectativas de la prensa, ansiosa de interpretar cada diferencia como el triunfo de uno u otro sector, el que llevó a los 1.700 delegados que se dieron cita a darse cuenta que no podían seguir dando a la ciudadanía la impresión de un partido dividido. El sentimiento de responsabilidad, más que una intervención divina, consiguió lo imposible.

Con un poco de ayuda de la semántica, unos y otros se dieron cuenta que las diferencias entre las dos principales corrientes DC no eran tan grandes, y encontraron puntos comunes que posibilitaron el acuerdo, Así, por ejemplo, la "corrección del modelo" que venía impulsando Adolfo Zaldívar se transformó en la "modificación de la estrategia de desarrollo", un concepto que sí fue aceptado por los alvearistas, aunque no quedara muy claro en qué difería del anterior.

Al término de esta edición, de las 34 comisiones en que se trabajó, sólo persistía, como desacuerdo relevante, la aceptación del aborto terapéutico, un asunto que sería resuelto al atardecer, después de una pausa para ver el partido Argentina-Chile. Y la única dirigenta que recibió pifias fue Mariana Aylwin, presidenta de la comisión organizadora del evento.

Dentro de los acuerdos políticos, hubo consenso para reformar la Constitución en una amplia gama de aspectos, como el establecimiento de un Congreso unicameral, la elección democrática de intendentes y gobernadores, la realización de primarias presidenciales reguladas por ley para todos los partidos en un solo acto, y el avanzar a un régimen político semipresidencial, o al menos un sistema en el que Ejecutivo y Legislativo estén más equilibrados.

También hubo acuerdo para proponer que los cargos de elección popular pertenezcan a los partidos y no a los candidatos, con el fin de evitar el surgimiento de los tránsfugas, y también para limitar la reelección indefinida de los parlamentarios.

En lo económico, la "modificación de la estrategia de desarrollo" irá acompañada de propuestas para cambiar el funcionamiento de la Corfo, BancoEstado y el Banco Central, y de una mayor responsabilidad del Estado para regular y fiscalizar al sector privado, a fin de evitar abusos y asegurar, según se explicó, que la economía social de mercado sea realmente social y no se agote en el mercado.

También se aceptó la propuesta del alvearismo de abrir la DC a los demás sectores de la sociedad, incluyendo confesiones religiosas distintas a la Iglesia Católica, y a todo tipo de familias, sin perjuicio de promover como ideal el modelo de hogar con dos padres comprometidos en el matrimonio.

En términos generales, todos quedaron relativamente contentos: los alvearistas impidieron que los colorines lograran imponer su tesis de la corrección del modelo y pudieran esgrimir ello como un triunfo de Adolfo Zaldívar, pero al mismo tiempo consiguieron aprobar un paquete de propuestas que permitirán mostrar a la DC como un partido audaz y novedoso. Los colorines, por su parte, lograron que fueran recogidas, aunque fuese con un nombre distinto, la mayor parte de sus propuestas centrales, y ahora se aprestan a continuar acicateando a Soledad Alvear, aprovechando que ésta quedó con la responsabilidad de implementar los acuerdos de este V Congreso Ideológico.

Además, ambos lotes evitaron salir del congreso cargando con el estigma de ser los responsables de una fractura en el partido o en la Concertación. De todos modos, quedó flotando en el aire una cierta dosis de amargura, causada por la sensación de abandono que algunos sectores de la DC sienten de parte de los dos últimos gobiernos concertacionistas. Fue frecuente escuchar en las comisiones que sí, que era cierto que desde 1990 el país ha avanzado mucho, pero que los grandes progresos se dieron con las presidencias de Patricio Aylwin y de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, mientras que los problemas de convivencia en la Concertación y las quejas del país se han incrementado desde el período de Ricardo Lagos a la fecha. Hubo también un alto grado de coincidencia en otros dos aspectos: en el pesimismo respecto al futuro, si no hay cambios en las políticas desarrolladas por la Concertación, y en que el próximo Presidente de la República debe ser un democratacristiano, sí o sí. LND

 

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