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  The police men

Domingo 14 de octubre de 2007

En febrero del año 2003, a Michael Harrington se le vino el mundo encima. Fue un proceso lento, pero caótico. De ser un respetado policía del Cuartel 75 de Brooklyn, Nueva York, pasó a convertirse en el blanco de burlas y discriminación. En esa fecha confesó que era homosexual, una condición que no causó gracia a sus superiores, que desde entonces le hicieron la vida imposible. Se tuvo que acostumbrar al desprecio y a los malos tratos. Algunos oficiales lo llamaban "marica" (faggot) de manera despectiva. Otros pegaban carteles con mensajes en su contra en todas las paredes del cuartel.

El policía, que hoy tiene 30 años, pidió cambio, pero nunca llegó. Desde que ingresó a la institución, en 2002, nunca había visto ese nivel de humillación.

El 29 de septiembre pasado, Harrington se cansó y dejó el anonimato. Demandó al Departamento de Policía y a la ciudad de Nueva York alegando discriminación. "He sido víctima de lenguaje obsceno e insultos verbales. He sido tratado con violencia y maltratado por mis supervisores", denunció en un hilo de voz cuando declaró.

"Mi demandante vive un infierno que hace estallar su corazón", comentó enseguida el abogado de Harrington, George D. Roseanbaum.

Harrington también tenía miedo. En diciembre de 2006, uno de sus compañeros de cuartel le había advertido: "Todos los maricas podrían recibir disparos".

El caso de Harrington da cuenta de los prejuicios que aún existen en el mundo sobre la sexualidad de los policías, como si fuera una obligación moral tener una orientación sexual para este cargo rudo y serio.

FIESTA, FIESTA

A pesar del episodio Harrington y del caso de discriminación que recién se conoce en Chile, en Europa los prejuicios ya son historia. Los policías de Holanda, España y Gran Bretaña se organizan, hacen desfiles y defienden a otros gays como ellos de la discriminación y los golpes de grupos extremos.

En el viejo continente existe la Confederación Europea de Policías Gays, que reúne a las policías de países como Reino Unido, que desde 1990 cuenta con un grupo de 52 integrantes homosexuales encargados de imponer la ley y el orden de la misma forma que lo hacen sus compañeros heterosexuales.

La policía de Amsterdam, en Holanda, tiene un ala rosa de 30 agentes. Se trata de Roze in het Blauw en español algo así como "rosa sobre azul" . Esta patrulla se ha especializado en tratar agresiones contra homosexuales. El rosado es el color distintivo del colectivo gay; el azul fue una forma de bautizar la tradicional imagen del orden. Su objetivo: crear un clima de confianza que facilite las denuncias de víctimas que temen ser ridiculizadas en la propia comisaría. Sus frases más recurrentes: "Si usted sí ha sido molestado, discriminado o maltratado por ser homosexual y bisexual, acuda siempre a la policía".

En abril del año pasado, España se sumó a la tendencia en Europa. Impulsada por la comunidad gay de ese país nació la primera Asociación de Policías Homosexuales en Sitges (Barcelona), compuesta por 20 agentes de la policía autonómica (Mossos d Esquadra), Policía Nacional y Guardia Civil. Su tarea principal es velar por los derechos profesionales de los gays y lesbianas pertenecientes a la policía. LND

 

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