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  Los Transformers y la farra de Michael Bay

  Los Transformers y la farra de Michael Bay

  A millones de niños ochenteros se les caía la baba por ver a Optimus Prime y a Megatrón en acción. Deseo que se cumple gracias a una extraordinaria factura de efectos visuales, pero que se diluye en una visión simplona, ruidosa y, lo que es peor, aburrida.

Miércoles 17 de octubre de 2007

La nostalgia es un sentimiento tramposo que contamina los recuerdos con deseos que muchas veces no tienen nada que ver con lo real. Una emoción que nos puede llevar al más estúpido error de apreciación y un anzuelo que los pescadores de Hollywood usan con frecuencia y habilidad. Y es que ayer terminé sintiéndome como jurel recién sacado del agua después de tragarme las dos horas de frenéticos efectos visuales de Transformers. Una película que prometía transportarme a mi no tan lejana infancia, cuando peleaba con mis limitadas habilidades motrices para armar y rearmar los ingeniosos juguetes de Hasbro y no me perdía episodio de la serie animada, pero que terminó dejándome un gustillo como a queso sintético: ese que sabe a queso, pero que tiene la consistencia de un chicle dejado al sol.

No es que esperara que Michael Bay se convirtiera de la noche a la mañana en una especie de Peter Jackson. Mal que mal, "Armagedón" ha sido una de las porquerías más grandes que ha pasado por mi DVD y para tragarse "Pearl Harbor" hay que ser George Bush, o por lo menos pensar como él. Tampoco es que creyera que la historia de estos robots polimórficos diera para un drama épico que fuera más allá de la obvia lucha entre buenos y malos. Sólo buscaba una película que me permitiera comer cabritas en la cama, mientras viajaba con comodidad a mis tiernos 10 años.

Y si no fuera tan exigente les diría que eso es precisamente lo que encontré. El problema es que sólo a ratos, porque de pronto y a pesar de la orgía de efectos especiales, la historia aburre mientras la tensión narrativa se diluye en chistes mal colocados y situaciones fuera de lugar. Para colmo las escenas de acción exageran lo vertiginoso, al punto de dejarnos al borde del ataque de epilepsia. Tan rápidas son, que entre palomita y palomita resultaba imposible distinguir a los Autobots de los Decépticons, en una sucesión de encuadres que parecían hechos bajo la luz estroboscópica más nauseabunda. Y a pesar de que la película tiene sus momentos, la ingenuidad de Bay a la hora de estructurar un guión creíble (su visión del ejército norteamericano es realmente para un niño de 5 años) y la falta total de consideración del relato en sí, la hacen un bodrio absolutamente prescindible.

Una farra la de Bay, porque más allá del inmediato éxito de taquilla, tenía la oportunidad de crear sin mucho esfuerzo uno de esos referentes generacionales que nunca mueren. Y es que a millones de niños ochenteros se les caía la baba por ver a Optimus Prime y a Megatrón en acción. Deseo que se cumple gracias a una extraordinaria factura de efectos visuales (de lo mejor en este rubro en los últimos años), pero que se diluye en una visión simplona, ruidosa y, lo que es peor, aburrida.

Ficha
Título: Transformers
Director: Michael Bay
País: Usa
Elenco: Shia LaBeouf, Megan Fox, Josh Duhamel, Jon Voight y John Turturro.

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