
Lunes 22 de octubre de 2007
Raymond Carver, un clásico del relato breve norteamericano del siglo XX, pasa por ser un maestro del minimalismo, de la austeridad, del arte de decir mucho con pocas palabras. En realidad tenía poco de minimalista. Quien forjó el estilo que le dio la fama fue su editor, Gordon Lish. El editor aplicó la tijera sin piedad a sus primeros libros de cuentos, cambió algunos títulos y alteró varios finales.
La tijera sanguinaria
La controversia sobre cuál era el Carver auténtico, si el de los primeros volúmenes -más seco y austero, casi abstracto- o el de su etapa final - liberado de la influencia del editor- vuelve a aflorar estos días, casi veinte años después de que muriera de un cáncer a la edad de 50 años.
Su viuda, la poeta Tess Gallagher, planea publicar el manuscrito de uno de los libros más alabados de Raymond Carver, "De qué hablamos cuando hablamos de amor", según ha revelado esta semana "The New York Times". En la versión original, los 17 cuentos son más largos y prolijos y el tono más sentimental que en la versión abreviada publicada en 1981.
Los esfuerzos de Gallagher para recuperar al Carver genuino. El objetivo de la viuda es triple. Primero, restaurar la voz verdadera del escritor. Segundo, dejar claro que nunca fue un minimalista, y que la etiqueta le desagradaba. Y tercero, acabar con la idea según la cual su reputación se debe al genio del editor Lish.
Desde hace años algunos estudiosos casi han elevado a Lish a la categoría de coautor de los dos primeros libros de Carver, "¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?" y "De qué hablamos "Es cierto que en las editoriales norteamericanas la autoridad del editor para enmendar y recortar los manuscritos, incluso de los autores más consagrados, es notable. En Estados Unidos acaba de publicarse el texto original de "En la carretera", de Jack Kerouac, y las diferencias con la versión publicada son visibles. Pero en el caso de Carver el poder de Lish quizá era anómalo. Después de que el escritor entregase el original de "De qué hablamos ", el editor recortó casi a la mitad el número total de páginas, modificó más de la mitad de los finales y cambió el título del volumen, según reveló en 1998 el periodista D. T. Max.
Cuando vio las correciones que le proponía el editor, Carver le suplicó que frenase la publicación de un texto con el que no se identificaba. No lo logró. Después de publicar "De qué hablamos ", aclamado por la crítica, el escritor cortó amarras con el editor. El siguiente libro, "Catedral", también fue un éxito. La evolución estilística que muchos creyeron ver entre ambos libros no era tal: simplemente la tijera de Lish había desparecido; ya no estaba escrito a cuatro manos.
"La supuesta transformación de Raymond Carver de minimalista a humanista no fue un cambio del intelecto o del corazón. Fue un cambio de manos. Después de permitir que un editor agresivo dejase sus cuentos en el tuétano y no sólo en los huesos, Carver le dijo a Lish que se apartase", escriben los filólogos William L. Stull y Maureen P. Carroll en un texto de siete folios sobre la nueva edición de "De qué hablamos", que recupera el título original, "Beginners" (principiantes).
En realidad, fue el propio Carver quien dio los primeros pasos para recuperar los textos originales. Cinco aparecieron en volúmenes posteriores, y de éstos incluyó tres en una antología publicada en 1988, el año de su muerte. Es decir, el escritor inició la restauración que la viuda quiere continuar. Si "Beginners" acaba por publicarse, los lectores podrán leer a otro Carver. ¿Cuál es mejor? ¿Cuál es el verdadero?