
Inicio » Cultura y Entretención
Martes 23 de octubre de 2007
Fácil y emotivamente llegan al público las historias cuando los protagonistas son niños capaces de hablar con la vocecita del alma, mezcla de seriedad y desparpajo, descolocando a los adultos con preguntas críticas espontáneas y profundas. Y ocurre en "Oscar y la Dama Rosa", del francés Eric-Emmanuel Schmitt, que dirige Raúl Llovet.
Lo literario predomina en esta obra donde un niño leucémico que le quedan 12 días de vida, recibe la ayuda de Mamie, voluntaria que lo ayuda a enfrentar la muerte. El texto conmueve por la ingenuidad, humor y curiosa adultez del protagonista. Escrito como cartas a Dios, Oscar anota todo lo que vive en ese lapso y deja constancia de su evolución ya que cada día equivale a una década, según el juego que le propone la dama de rosa. Así, Oscar se enamora y casa, en una curva veloz que truncará la muerte.
La excesiva fidelidad a la estructura del texto original ahoga un poco la enorme energía de un niño que morirá cuando debiera empezar a vivir. Pero la obra no cae en lo melodramático. Al revés, subraya lo juguetón y humano frente a la enfermedad y la muerte, junto con rescatar la amistad entre una adulta mayor y un niño.
(Centro Bellavista. Ernesto Pinto L. 154. F: 735 2395. Mi. y ju., 20:00; sá. 18:00; do. 19:00. $ 6.000 y $ 2.000; mi. $ 2.000).
Crueldad y violencia
El perfil dramatúrgico de Martin Crimp (1956) no deja espacio a las buenas maneras ni a la esperanza. Pero nadie podría criticar su punto su vista si, en realidad, este mundo anda demasiado extraño como para que en el retrato que hace de la sociedad actual no aparezca la crueldad y la violencia. Crimp es considerado heredero del gran Harold Pinter, aunque él mismo dice que todos los escritores ingleses lo son.
En "Atentados contra su vida", obra del nuevo teatro inglés que dirige Constanza Brieba, la provocación adquiere cierta elegancia. Una reflexión drástica que no se aligera, sino que se acentúa, con latigazos de sangrienta y negra ironía. Y parece tener razón ya que el ambiente de guerra no convencional generalizada que se vive afecta lo personal y colectivo.
Anne, Annie o Anushka acoge a distintas mujeres y sus numerosas formas de ser y comportarse en una sociedad con algo caótico y que da para todo. En el montaje todos tratan de aproximar una visión de ella, proceso que el autor aprovecha para burlarse también del teatro y su entorno, en un diálogo que busca hacer consciente lo escondido.
(Centro Mori. Constitución 183. F: 777 62 46. Vi., sá, y do., 20:30. $ 6.000 y $ 3.000).