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  Pésima onda en Miami

  Pésima onda en Miami

  Herido por el rayo del amor, al protagonista el mundo le da vueltas con sólo mirar, en la universidad, a la gringa Shanon, rubia inalcanzable. Ni se plantea conquistarla. Pero seduce, a desgana, a una enfermera mexicana. El erotismo aquí suena un poco burdo, degradado (en la forma, no en el contenido).

Martes 23 de octubre de 2007

"Estábamos conversando acerca de la rabia", le dice -en una cita que parece casual- un tal Pedro al escéptico narrador de "Muerte a los latinos", tercera novela de Fernando Villegas (1949). La frase sintetiza el tono del relato, pues hay algo esencialmente rabioso en el discurso del narrador (ya ocurría en la novela anterior de este autor), un tinte de ira universal, casi de desprecio hacia sus congéneres, incluido él mismo. La historia es ésta: un antropólogo latinoamericano -lo suponemos chileno- llega a la ciudad de Miami para hacer un postgrado, y ya desde su paso por el aeropuerto constata que allí los "latinos", los latinoamericanos (aunque los verdaderos latinos son los italianos), son ninguneados por los anglos, pero también por los norteamericanos negros. Ser un "hispano" es lo peor.

Herido por el rayo del amor, al protagonista el mundo le da vueltas con sólo mirar, en la universidad, a la gringa Shanon, rubia inalcanzable. Ni se plantea conquistarla. Pero seduce, a desgana, a una enfermera mexicana. El erotismo aquí suena un poco burdo, degradado (en la forma, no en el contenido): "Aprecio muy particularmente a las damas que dejan sus pendejos crecer a gusto como hacían las señoras del siglo XIX (...) ahora convertidas en polvo pero entonces luciendo lozanos genitales, matas que crecían lujuriosamente a la espera del varón". Se la lleva a la cama pero eso no lo hace feliz. En otra página, el profesor Steven, a su vez, le agarra la diuca, o eso parece. El ánimo exasperado y algo misántropo del narrador recuerda a L. F. Céline, autor de "Viaje al fondo de la noche", por su deslenguado estilo, por su iracundia, pero Villegas escribe de más, reitera ideas, lo describe todo y así ahoga al lector. No se contiene. Tras aborrecer un rato la novela, queremos saber qué diablos va a suceder: hay, pese a todo, una fuerza narrativa que avanza. No es pecado saltarse párrafos, pero la prosa es tan abigarrada (imperfecta a veces, con ciertos errores de ortografía muy comunes) que podemos perder el hilo. ¿Habrá que leerlo todo, palabra por palabra? Cada lector decide.

"El resentimiento", dice el narrador, sin asco al cliché (con su resto de realidad) como motor de esta narración tremendista, y mientras trata de recomponer en su mente los sucesos de un crimen horrible del que acaso lo acusen, "es el núcleo del alma latinoamericana". Explicando esa tesis, la del odio de "el esmirriado, el cagón latino", moreno y seboso, hacia los gringos superiores, intenta nuestro héroe definir su identidad. ¿Será la nuestra, también?

Ficha
MUERTE A LOS LATINOS
Novela
Fernando Villegas
Plaza & Janés, 2007. 425 páginas

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