
Martes 23 de octubre de 2007
Tras el preocupante escenario que se configuró en la víspera en la zona fronteriza entre Turquía e Irak, por el ataque de rebeldes kurdos a las tropas turcas y la respuesta de éstas en forma de bombardeos y ofensivas, ayer el panorama parecía converger hacia la distensión.
Dos gestos contribuyeron a rebajar en buena parte la tensión: por un lado, el ofrecimiento de un cese el fuego unilateral de parte de la guerrilla separatista del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PPK), y la moderada postura del Gobierno de Ankara en orden a que agotarán la vía diplomática antes de emprender cualquier acción militar de gran envergadura contra los kurdos.
El primer signo vino de parte del PKK, un movimiento ilegalizado en Turquía que reclama la soberanía de la región del Kurdistán, que se extiende entre Turquía e Irak. En un comunicado colgado en su sitio web oficial, el movimiento ofreció un alto el fuego a Gobierno turco si éste renuncia a atacar sus bases en el norte iraquí, donde los rebeldes kurdos poseen algunas bases.
El pronunciamiento del PKK a favor de la distensión fue ratificado por un dirigente de los separatistas turcos, Abdel-raman al Yaderi, quien explicó que el cese de las hostilidades comenzaría "la noche de hoy (ayer) y se mantendrá vigente mientras sus combatientes no sean atacados por el Ejército turco".
Paralelamente al ofrecimiento de la insurgencia kurda, Turquía también dio señales de buscar un arreglo pacífico a la condición de beligerancia que se instaló el domingo en la frontera turco-iraquí, provocada por una incursión lanzada por el PKK en la provincia turca suroriental de Hakkari y la respuesta militar de Ankara. Las escaramuzas dejaron 12 soldados turcos y 34 rebeldes kurdos muertos.
Al respecto, el ministro de Exteriores turco, Ali Babacan, señaló que su país explorará "todos los medios diplomáticos antes de lanzar una operación militar". Por de pronto, el funcionario turco viajará hoy, martes, a Irak para llevar a cabo negociaciones con el Gobierno del Premier Nuri al-Maliki a fin de erradicar la bases de los separatistas kurdos en el norte iraquí.
Estos gestos de distensión fueron en buena medida el fruto de la mediación de Estados Unidos. De hecho, la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, llamó al Primer Ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, así como al presidente del Kurdistán iraquí, Massud Barzani, para perdirles contención. Al mismo tiempo, el Presidente de EEUU, George W. Bush, reafirmó a su homólogo turco, Abdullah Güll, el compromiso de su nación de cooperar con Turquía para combatir a los rebeldes kurdos.
El régimen de Ankara amenaza desde hace días con entrar en Irak y acabar con los guerrilleros del PKK, que atacan a sus soldados cerca de la frontera. Para ello, Erdogan cuenta desde la semana pasada con el permiso del Parlamento de su país, pero con la oposición de EEUU, que teme que una intervención armada de alto vuelo desestabilice el norte de Irak, la única zona iraquí que permanece en paz.