
Martes 23 de octubre de 2007
Los últimos enfrentamientos en el norte de Irak -que dejaron unos 50 muertos el fin de semana- y la amenaza de futuras acciones militares turcas a gran escala han incrementado la actividad diplomática en Ankara, Washington y Bagdad.
Por ahora, los tambores de guerra que suenan en la frontera turco-iraquí pretenden poner el énfasis en las exigencias políticas de Turquía. El Primer Ministro Recep Tayyip Erdogan prefiere esperar antes de lanzar un ataque a gran escala, consciente de los costos de invadir el norte de Irak.
El encuentro político clave se producirá el 5 de noviembre, en Washington. Erdogan sigue planeando conversar ese día con el Presidente de Estados Unidos George W. Bush, a pesar de que algunos elementos de línea dura de su partido lo han instado a cancelar la cita.
Funcionarios de Ankara ya no siguen creyendo que Bush tenga el poder para neutralizar el entusiasmo de su Congreso -de mayoría opositora- hacia la resolución que podría calificar de "genocidio" la muerte de miles de armenios durante la I Guerra Mundial durante el Imperio Otomano.
Pero Erdogan quiere cobrar sus promesas a Washington y hacerle mantener su compromiso de que el Ejército estadounidense y los kurdos iraquíes se movilizarán contra el separatista Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en el norte de Irak.
Sin embargo, si regresa de Washington con las manos vacías, al Primer Ministro le costará contener a los militares turcos.
El Ejército turco se ha dedicado hasta ahora a repeler los ataques del PKK y aunque niega haber preparado un plan de invasión, se sabe que se han discutido tres opciones militares. La más consistente es un avance con 20 mil efectivos militares hasta una línea a unos 40 kilómetros más allá de la frontera, con el objetivo de crear una zona tapón en el norte de Irak para impedir que los militantes del PKK sigan incursionando en Turquía.
Una segunda opción implicaría una invasión temporal para atacar campamentos del PKK en Irak del norte y destruir las logísticas guerrilleras, para luego replegarse a territorio turco. Una tercera opción sería concentrar más tropas en la parte turca de la frontera y lanzar ataques aéreos contra el norte de Irak.
El Presidente Bush también se ha inclinado por la vía de la gestión de crisis, pues nada sería peor para los intereses estadounidenses que un nuevo frente de combate en la única parte estabilizada de Irak.
Un partido político ultranacionalista turco, el MHP, ya está llamando al Gobierno a cerrar la base aérea estadounidense en Incirlik, en el sur de Turquía, y sus fronteras con Irak. Ambas acciones podrían propinar un severo golpe a las tropas de Estados Unidos en Irak.
El Pentágono procesa cerca del 70% de todo su esfuerzo de suministro a través de Incirlik y al menos un cuarto de gasolina que consume el ejército estadounidense se trae a Irak mediante camiones desde Turquía. Según The Wall Street Journal, el Pentágono ya se encuentra buscando nuevas rutas alternativas a través de Jordania y Kuwait, pese a que ambas serían incómodas y peligrosas.