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  "Los nazis también eran humanos"

  "Los nazis también eran humanos"

  Nació en Nueva York hace 40 años, pero el pasado marzo obtuvo la nacionalidad francesa. El 2006 ganó el prestigioso Premio Goncourt por su novela, donde un oficial nazi narra su historia en casi mil páginas. "Quería dar voz a los verdugos", dice su autor. A la fecha ha vendido un millón de ejemplares.

Domingo 28 de octubre de 2007

La Segunda Guerra Mundial es el paisaje, y el oficial nazi Maximilien Aue, el protagonista que cuenta su brutal experiencia en pos de la solución final. "Las benévolas" ha sido la irrupción más avasalladora en el mercado francés de una primera novela, ganadora de los premios Goncourt en 2006 y de la Académie Française.

-Parece que ha visto el horror de frente y esta novela es el fruto.

-En mi trabajo durante años en diversas ONG he estado en Afganistán, el Cáucaso, Ruanda, Chechenia. Sí, he visto la cara del mal, he tomado copas con él y le he estrechado la mano. Y toda esa violencia me ha influido. No sabría decirle cuál es el peor asesino con el que he hablado, tal vez el vicepresidente serbio de Bosnia, Nikola Koljevic, que poco después se suicidó y que me hizo reír mucho contando chistes.

Max, el narrador, es un ser abyecto, pero a la vez hay empatía hacia él.

Yo quería dar voz a los verdugos. En sus escritos no hablan como personas, se limitan a ejercer de portavoces de la razón de Estado que los ha utilizado. Quería contar toda la historia desde el punto de vista de un oficial nazi, meterme en su piel y mostrar su humanidad. Los nazis eran muy humanos, tanto como nosotros.

MATANDO JUDÍOS

Max lee a Platón, Stendhal, Heródoto, Nietzsche. Escucha música clásica, entiende de pintura. ¿Tenía que ser tan culto?

Había muchos nazis así. Un tipo que no lee a Platón no puede escribir un libro como éste. Me hacía falta un personaje inteligente, con distancia intelectual para escribir. Él mantiene una mirada lúcida en el interior de la máquina de muerte que hacía funcionar.

El libro está plagado de digresiones que se convierten en pequeños ensayos sobre temas literarios, metafísicos, antropológicos...

-En la vida real la gente es así. Forzosamente, los nazis tenían otros intereses que matar gente desde la mañana a la noche. Para la gente que lo vivió, el exterminio de los judíos no era una cosa aparte del resto de su vida, formaba parte del entorno más vital e inmediato.

-En el libro, víctimas y verdugos son intercambiables.

-El azar hace que nos encontremos situados como verdugos o como víctimas, y esos roles son algo ajeno a la voluntad. Las víctimas no han escogido serlo, pero la mayor parte de los verdugos tampoco. Max, al principio, no es un monstruo, sino una persona obediente. Muchos nazis no eran antisemitas, mataban judíos porque se lo ordenaban.

Toca tabúes como el incesto y ha escandalizado por la perversidad sexual de sus personajes.

Algunos me recriminan que mezcle el exterminio con esas escenas sexuales. No veo por qué no iba a hacerlo. Mientras los hornos funcionaban, la gente seguía viviendo. Para muchos, matar gente era un elemento más de su día, no un gran acontecimiento histórico.

La Vanguardia

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