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  Sociedad-ficción

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  No se extrañe si algún día divisa un afiche publicitario de una universidad ofreciendo la carrera de perito en crímenes marcianos. No es una idea de Ray Bradbury, sino una profesión con mucho futuro.

Domingo 28 de octubre de 2007

Pensar que todo es normal es un mecanismo de autodefensa. Uno se acostumbra a esa farmacia-supermercado que vende pan de molde, mermeladas, chocolates, pilas, muñecas y donde incluso se puede jugar al Loto. Pero si debe comprar la píldora del día después, mejor vaya a una panadería, porque eso no se vende en nuestras farmacias. En este mundo de ficción, hasta lo que dice la diputada Marta Isasi parece lógico. Según ella, la nueva batalla de la bendita píldora corresponde a "una decisión ética de cada empresa". Ah, qué bueno. ¿Esta es la llamada responsabilidad social de las empresas? Entonces esperemos que la venta de Postinor sea debatida en el Consejo de Equidad Social o en un seminario empresarial.

Y si no le agrada, váyase al Sernac. Dicen que ahí arreglan los problemas de consumo después de un serio y detenido análisis. Total, no debe ser tan grave que no le respondan el día después, sino tres meses más tarde. Tendrá tiempo para reflexionar sobre la ética. La suya, de la empresa, de todo el mundo.

No se extrañe si algún día divisa un afiche publicitario de una universidad ofreciendo la carrera de perito en crímenes marcianos. No es una idea de Ray Bradbury, sino una profesión con mucho futuro. Usted sabe que en Chile somos expertos en planificar la vida y sobre todo el gasto de los otros. Hace tres años, con mucho entusiasmo, un especialista en mercado laboral de una prestigiosa consultora recomendaba la carrera de perito criminalístico, asegurando que los estudiantes serían "cuasi detectives". Ya conocemos el resultado. Este año, centenares de estudiantes se dieron cuenta que estudiaron para ser "cuasi nada".

¿Y qué sucedería si nunca llegamos a Marte, o desembarcamos y no hay nadie, o los marcianos existen pero no son criminales? Pues bien, vuelva a pedir auxilio al Servicio Nacional del Consumidor. En la página de datos prácticos recomiendan denunciar la publicidad engañosa, porque si todo anda bien obtendrá alguna compensación. Esto de pasar por la ventanilla de los mediadores del consumo para solucionar problemas educacionales se considera un trámite normal, que ni siquiera merece reflexionar sobre la diferencia entre comprar una lavadora defectuosa y adquirir un título profesional. Y, de yapa, nos habituamos a que el Ministerio de Educación reconozca que no cuenta con las atribuciones para sancionar a las instituciones que engatusan a los jóvenes.

En la nación burbuja esto no es suficiente para armar un escándalo, porque no es un "tema país". Las mujeres que necesitan Postinor y los estudiantes que pierden su tiempo son minoría. Si la jovencita no lo pensó antes es su problema, y los otros se deberían haber informado mejor. ¿Dónde? En una consultora, probablemente.

En otro lugar, este tipo de historias sería una prueba flagrante del delito de aniquilamiento de la confianza social. Además, a nadie se le pasaría por la cabeza que una sociedad puede funcionar de esta manera. Pero en la cuna del "proyecto-país", aprovecharse deshonestamente de los espacios que ha dejado la retirada del Estado recibe el tibio y acomodaticio calificativo de error, desinformación o simple mala suerte. Es un discurso eficaz porque así se cuida la imagen, el activo más importante de esta sociedad de la apariencia.

Y así seguimos caminando. Ellos fingiendo ser respetables y nosotros fingiendo respetarlos. LND

 

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