
Lunes 29 de octubre de 2007
Nada más conocerse los primeros resultados favorables, los rostros de quienes hacia las 19 horas se habían congregado en el "búnker K", ubicado en el Hotel Intercontinental de Capital Federal, se iluminaron de alegría y, porque no decirlo, también de un poderosa aura de triunfalismo. Y es que los primeros sondeos a boca de urna eran contundentes: Cristina Fernández de Kirchner, Presidenta de Argentina por cuatro años, a partir de este 10 de diciembre.
Un gran cartel que decía "Cristina, los pobres esperan por vos", colgado en una de las entradas del hotel, invitaba a los adherentes a sumarse a la fiesta. A esa hora, muchos invitados, tanto del ámbito local como del extranjero, pululaban por los diversos salones del céntrico edificio que albergaba al comité de campaña del oficialista Frente para la Victoria, y observaban los numerosos televisores que daban, a cuenta gotas, resultados de mesas receptoras de sufragios.
Mientras, el ánimo de los comensales aumentaba cada minuto conforme crecía la sensación de que el triunfo era seguro. Un sentimiento de fiesta, de victoria, que era alimentado por una banda musical -tipo murga- que hacía bailar a una pareja de "pingüinos" (mote que se les da a la pareja K en Argentina por su origen austral).
Pero si bien el búnker rebosaba de gente, quienes si estaban en inferioridad eran los funcionarios gubernamentales, quienes lentamente comenzaron a llegar. Y claro, tenían que estar más pendientes de la marcha electoral y de la entrega de resultados, para luego dar rienda suelta a los festejos.
Festejos que los sondeos a boca de urna ratificaban. Según éstos, la senadora y primera dama trasandina ganaba los comicios en primera vuelta, al obtener entre el 46 y 46,3% de los votos. En segundo lugar, a apreciable distancia, se ubicaba "Lilita", la postulante de la centroizquierdista Coalición Cívica, Elisa Carrió, con un apoyo del 23,7 al 25% de los sufragios. Tercero fungía el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, con el respaldo del 13,1 al 14%.
Estos resultados coronaban a Cristina como la nueva Presidenta del país y, de paso, acaban con el sueño opositor de forzar una segunda vuelta (balotaje). Esto, porque la ley electoral argentina establece que un candidato ganará las elecciones en la primera ronda al obtener al menos el 45% de los votos o, en su defecto, el 40% y diez puntos de diferencia sobre el segundo.
Ambas premisas se daban, para desdicha de todos los anti-K. Sin embargo, la oposición no quería darse por vencida de inmediato: al menos siete fuerzas opositoras, entre ellas las dos principales -la Coalición Cívica de Carrió y el frente UNA (peronistas disidentes y socialdemócratas) que candidateó a Lavagna- denunciaron irregularidades en las oficinas de votación.
La respuesta gubernamental no se hizo esperar y vino del principal operador político del kirchnerismo: el ministro del Interior, Alberto Fernández, quien desechó de plano las denuncias de fraude y, por el contrario, destacó que la elección de ayer fue "la más prolija de los últimos años". Esto, a pesar de los atrasos en la constitución de las mesas. LN