
Jueves 1 de noviembre de 2007
La "revolución azafrán" se niega a perecer en Myanmar (ex Birmania).Ayer, entre cien y doscientos monjes budistas retomaron ayer sus manifestaciones pacíficas en demanda de una apertura democrática, por primera vez desde la violenta represión lanzada por la junta militar contra las manifestaciones antigubernamentales del mes pasado.
Según testigos, unos 200 monjes marcharon por el centro de la ciudad de Pakkoku, en el centro del país, rezando y cantando. Los religiosos-que según otras fuentes eran un centenar- marcharon durante 30 minutos recitando plegarias y cantos, pero sin eslóganes hostiles al régimen castrense y luego volvieron a sus monasterios, sin que se hayan registrado incidentes.
Pakokku fue donde los monjes se pusieron al frente de las manifestaciones antigubernamentales del mes anterior, después de que los cuerpos de seguridad golpeasen a varios bonzos que participaban en una marcha pacífica el 5 de septiembre. Con la dirección de los monjes, las marchas tomaron fuerza y llegaron a congregar a más de 300.000 personas en todo el país.
La marcha de ayer tuvo lugar más de un mes después de que la Junta Militar reprimiera por la fuerza las multitudinarias manifestaciones en favor de la democracia alentadas por los monjes, que según cifras oficiales dejaron 13 muertos, aunque organizaciones humanitarias ubican esa cifra en varios centenares de fallecidos.
La nueva manifestación de los religisos budistas ocurre, además, cuando se aproxima otra nueva visita oficial del enviado especial de Naciones Unidas, Ibrahim Gambari.
Originalmente Gambari tenía invitación para regresar a Myanmar la tercera semana de noviembre, pero la junta militar aceptó adelantarla luego de que Estados Unidos y sus aliados europeos dejaran en claro que querían que el mediador volviera lo antes posible.
Gambari ya había estado en Birmania entre el 29 de septiembre y el 2 de octubre, poco después de la violenta represión por la junta militar de un movimiento de protesta popular encabezado por los monjes budistas.
En tanto, la organización Human Rights Watch denunció ayer que la junta militar birmana recluta niños para servir en su Ejército, comprando y retirando por la fuerza a sus familias niños desde los 10 años de edad.
La junta militar, que enfrenta importantes tasas de deserción y falta de voluntarios, permite a los reclutadores comprar y revender niños para alimentar su Ejército, explicó la organización de defensa de los derechos humanos.
"Los generales no toleran el ostensible reclutamiento y no castigan a quienes lo hacen", dijo Jo Becker, encargada de la defensa de los derechos de los niños de Human Rights Watch.
Myanmar está gobernada por un régimen militar desde hace 45 años y no celebra elecciones generales desde 1990, cuando el partido oficial perdió estrepitosamente ante la Liga Nacional por la Democracia (LND), de Aung San Suu Kyi, premio Nobel de la Paz en 1991 y bajo arresto domiciliario desde 2003.