
Jueves 8 de noviembre de 2007
La fiscalía japonesa pidió hoy la pena de muerte para el peruano José Manuel Torres Yagi por la violación y el asesinato de una niña al inicio de un nuevo juicio en el Tribunal Superior de Hiroshima (oeste de Japón), durante el que el acusado mantuvo a duras penas la compostura.
Si fuera condenado a muerte, como reclama también la familia de la menor asesinada, Torres Yagi sería el primer latino sentenciado a la pena capital en Japón, donde se ha aplicado en escasas ocasiones a extranjeros.
En el inicio del juicio, la fiscalía explicó hoy las razones por las que no se contenta con la condena de cadena perpetua con la que Torres Yagi fue sancionado en primera instancia en 2006 y presentó nuevas declaraciones para justificar su apelación, así como datos sobre su pasado criminal en Perú.
Esa condena fue "extremadamente ligera e injusta, y la pena de muerte es la única opción", alegó el fiscal, para quien la "tendencia criminal" del acusado está "profundamente enraizada".
Torres Yagi, de 35 años, condenado por haber violado y matado a la pequeña japonesa Airi Kinoshita hace dos años, apenas pudo contener las lágrimas hoy en diversos pasajes de la sesión, como los alegatos de la fiscalía y la defensa o la lectura de nuevas declaraciones del padre y la madre de la niña.
Con evidentes gestos de ansiedad, el acusado escuchó a través de un sistema de traducción simultánea del japonés al español las declaraciones leídas con las que la fiscalía avaló su petición de una condena más dura que la emitida en julio de 2006.
La defensa justificó por su parte que el acusado, que superó los momentos más intensos de la sesión arrugando el gesto, no mató intencionadamente a la pequeña Airi, por lo que solicitó una condena más leve que la cadena perpetua.
Sus abogados recordaron que el peruano afirmó haber escuchado "voces del diablo" y que en el anterior juicio no fue sometido a una prueba psiquiátrica, algo que consideran crucial.
Torres Yagi, que apareció en la sala con las manos esposadas en la espalda y atadas por una cuerda azul que sostenía uno de sus cuatro vigilantes, está acusado de haber abusado y estrangulado el 22 de noviembre de 2005 a Airichán, el diminutivo cariñoso de Airi con el que fue denominada en las declaraciones.
Al parecer, después de cometer el crimen, el acusado, al que en el pasado se le abrieron dos procesos por abuso de menores en Perú, metió el cadáver de la niña en la caja de cartón de embalaje de una cocina de gas que había comprado recientemente y lo abandonó en un descampado cercano a su domicilio.
El rostro de sufrimiento del acusado, vestido con jersey de lana blanca, pantalones beige con bolsillos en las perneras y sandalias de plástico marrones, personificó hoy el único contrapunto a la sobriedad del juicio, que podría concluir con la pena capital.
A la vista de hoy acudieron los padres de la pequeña, que han pedido en repetidas ocasiones la pena capital para el juzgado.
El padre de la víctima, Kenichi Kinoshita, de 40 años, cree que el propio Torres Yagi "no acepta lo que él mismo ha hecho".
En una entrevista divulgada ayer por la agencia local Kyodo, Kinoshita afirmó no poder evitar odiar a Torres Yagi y sentenció que debe compensar el crimen "con su propia vida".
El caso de la violación y muerte de Airi Kinoshita conmocionó a la sociedad japonesa, avivó el debate sobre la inmigración en Japón y acabó por endurecer las leyes en este país.
Atraídos por la repercusión del caso, cientos de personas se acercaron hoy al Tribunal de Hiroshima para tratar de asistir al juicio.
Según dijeron a Efe fuentes del juzgado, un total de 757 periodistas, estudiantes de derecho, dibujantes y particulares intentaron hacerse con una entrada que daba acceso a las escasos 20 asientos de la sala que no estaban previamente reservados.
La llegada al juzgado de Torres Yagi fue capturada por decenas de cámaras de televisión en la que se convertirá en la imagen del día en la provincia de Hiroshima, en el extremo oeste del archipiélago nipón.
El proceso se reanudará el próximo 29 de enero en una sesión en la que el fiscal planea interrogar a Torres Yagi, así como a un testigo presentado por la defensa.