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Viernes 9 de noviembre de 2007
Para la ensayista, la apuesta por una argentinidad teórica y práctica es una opción vital
Si eres lector y vives en Argentina, los textos de Beatriz Sarlo se convierten pronto en una brújula. Como demuestra el reciente volumen "Escritos sobre literatura argentina" producidos en paralelo a sus clases en la Universidad de Buenos Aires, han acompasado la discusión literaria durante veinticinco años en el país del tango.
Pero no sólo sus opiniones sobre literatura o sobre cine, argentinos e internacionales, orientan el debate en el país de Sarmiento; también sus textos sobre las políticas de la memoria, el populismo, la videocultura, la educación, los mitos nacionales, la teoría cultural y un largo etcétera de cuestiones -que son a un tiempo nuevas y tradicionales- marcan allí tendencia. Sus intervenciones sobre temas tan distintos tienen un punto en común: la actitud crítica, independiente, documentada, situada en un contexto crítico transnacional y a menudo polémico.
Uno de sus mejores libros se llama "Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930" (Nueva Visión, 2003). O "Escenas de la vida posmoderna" (Seix Barral Argentina, 2004), donde en el prólogo, se hacen explícitas las coordenadas en que se vive, se piensa, se escribe: "Nuestra marginalidad respecto del primer mundo conscientemente es Buenos Aires". Con todo lo que implica vivir en la última metrópolis del mundo, tercermundizada durante la madurez de la propia Sarlo.
Como ha ocurrido tradicionalmente en Argentina, el escritor debe ser visto en el marco de su comunidad de interlocutores, vertebrada alrededor de una revista. En el caso de Sarlo: Punto de Vista que desde 1978 cuando nació como respuesta a la parálisis de la última dictadura militar, ha tenido en su dirección a la autora de "La máquina cultural" (Ariel, 1998) haciendo del diálogo y el debate una constante durante sus treinta años de vida.
La ensayista nunca pierde de vista lo que hay de material en la dimensión simbólica. No permite que la abstracción ni la teoría eclipsen la realidad inmediata ni la histórica. De ahí, por ejemplo, su análisis en tiempo real de la actuación de Kirchner en el Gobierno o su crónica personal de cada festival de cine independiente de Buenos Aires, que realiza mirando de soslayo las tendencias internacionales, orientada por los faros culturales de nuestra (pos) modernidad.