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  Los malos modales

Viernes 9 de noviembre de 2007

Salvo las rosas de octubre, todos tenemos un amplio repertorio de malos modales. Los que hablan con 800 personas por teléfono y todos los medios a su alcance mientras uno, o una, fallece de lata frente a un escritorio monumental. Los que se van a jugar tenis cuatro o cinco días después de que se les desaparece la hija. Los que no saben llorar correctamente en los velorios ni en la televisión. Los que mataron a su madre porque hacía demasiado calor. Los que golpean a los inmigrantes en el Metro español (si le hubieran pegado a una chilena, los chilenos sabrían algo de lo que es ser boliviano o peruano en Chile). Los familiares de Pinochet, que han vivido décadas como delincuentes de lujo y consideran que es un atentado al Estado de derecho y los derechos humanos llevarlos presos por un fin de semana. Los que gritan como energúmenos por el celular y los que so pretexto de que gane o pierda el Colo atacan los trenes del Metro en Santiago.

Los que contestan siempre que están bien, cuando en realidad están pésimo (opinable). También los que encuentran que tener una guagua blanquita, rubia, es lo segundo mejor que les puede pasar en la vida después de ganarse el Kino; los que dicen "fracasar" por separarse, o la gente que no conoce América Latina y no tiene la menor sospecha de cuántos países hay harto mejores que éste, en millones de cosas (aunque a algunos países les sobren mosquitos), y de la pura ignorancia tienen la tupé de encontrar que los tropicales son inferiores, y cosas racistas del caso. Impresentables.

Descerebrados top, los que alzan su fama sobre una montaña de insultos y viven de eso. Los misóginos armados y desarmados, que son de una frecuencia ilimitada, por supuesto. La farándula intelectual y la farándula a secas también, salvo el peluquero de Concepción que se casó casi virgen con un inglés de Londres para ver si sus clientas new rich dejan de ser tan atávicas, pero no hay caso. Los bacheletistas aliancistas todos, porque no (todos) saben lo que hacen (aunque quizás eso sea un plus). Los que dicen "más-menos", que es una torsión insuperable del idioma. Y en general todos los que creen que los malos modales se restringen a tomar el té con un dedo chico parado, sorber las bebidas gaseosas o instalar al instante la servilleta sobre las rodillas en cuanto se sientan a la mesa.

Porque existen digamos, la diplomacia del corazón y los modales del alma, que es una cosa mucho más fina. El otro día me preguntaron en la televisión por los malos modales y no dije nada. La timidez atonta. Pero a veces la falta de timidez es peor que la falta de liquidez. Mata.

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