
Viernes 9 de noviembre de 2007
Hace un siglo, el departamento de fatwas de la Universidad de Al-Azhar de El Cairo emitía menos de 200 edictos al día. Ahora produce cerca de mil. La universidad, un centro de enseñanza islámica durante más de un milenio, no está sola. En el mundo, una explosión en la cantidad de fatwas (pronunciamientos de los líderes religiosos para modelar los actos de los fieles en todo tipo de cosas) está generando esfuerzos de los musulmanes prominentes para refrenar esta práctica. Eso ha demostrado ser una tarea imposible por la naturaleza descentralizada del Islam.
Los musulmanes de Egipto que busquen orientación pueden ahora recurrir a la televisión satelital y a Internet para obtener opiniones provenientes de tierras tan lejanas como Indonesia... a menos que sigan la fatwa emitida en 2004 por Dar ul-Ulum, el mayor seminario islámico de India, que estableció que los musulmanes no deben ver televisión. Sin Papa o patriarca que determine la ortodoxia, "está en la naturaleza del pensamiento islámico tener muchas opciones", dice Abdel Moti Bayoumi, que dirige el Centro de Investigación Islámica en El Cairo. "Pero se están difundiendo demasiadas opiniones no calificadas y está mal". El resultado es lo que la agencia oficial de prensa egipcia MENA llama el "caos de las fatwas".
Académicos islámicos culpan a la televisión y a Internet por la proliferación de los pronunciamientos que se suponen basados en el Corán y en las palabras atribuidas al profeta Mahoma. Opiniones confusas están llegando a millones de creyentes, dicen estos críticos. Predicadores disidentes reprochan a los clérigos del establishment emitir lo que consideran criterios abstrusos y a veces ridículos. Como evidencia, mencionan ciertas fatwas recientes de la universidad que prohíben las esculturas, autorizan la circuncisión femenina e instan a las mujeres que se reúnen solas con hombres a amamantarlos para crear así un lazo "maternal" que excluya tener sexo.
Entre los no musulmanes de Occidente, las fatwas cobraron prominencia en 1989, cuando el difunto líder iraní ayatollah Jomeini emitió una sentencia de muerte contra el escritor Salman Rushdie por una supuesta blasfemia en su novela "Versos Satánicos". Hasta académicos capacitados han emitido fatwas contradictorias sobre si se justifican los atentados suicidas y los ataques contra civiles, generando controversias políticas y teológicas. Después que el edicto sobre el amamantamiento cobró notoriedad mundial, Ali Gomaa, principal erudito de la mezquita de Al-Azhar, sugirió que los musulmanes establezcan estándares unificados para pronunciar estos edictos. El 28 de septiembre, la Universidad Al-Azhar, afiliada a la mezquita, anunció que estaba fundando su canal de televisión para emitir textos adecuados y evitar el "caos de las fatwas". Una semana más tarde, el Consejo de Altos Clérigos Musulmanes de Arabia Saudita dijo que estaba creando una página web para brindar acceso a sus pronunciamientos.
El menjunje de opiniones ha creado "crisis y confusión", en un momento cuando los musulmanes tienen una "extrema necesidad de coherencia y unidad", escribió el 4 de octubre Abdul Fattah, profesor de pensamiento político islámico de la Universidad de El Cairo en un artículo para el diario Al Ahram. El sitio web de Dar al-Ifta, el departamento de fatwas de la Universidad Al-Azhar, incluye pronunciamientos sobre la conveniencia de tener a los perros en las casas (no, porque "son sucios") y usar tarjetas de crédito robadas para golpear a EEUU e Israel por "hacer la guerra" a los musulmanes (el fraude "no se aviene con las enseñanzas del Islam").
Mohammed Salmawy, jefe de la Unión de Escritores Egipcios, escribió el 20 de octubre una sardónica columna en Daily News de El Cairo criticando a las fatwas que urgen a las mujeres a cubrirse de la cabeza a los pies y a viajar en taxis sólo con un pariente hombre, prácticas inhabituales en Egipto. "La competencia entre nuestros reverenciados sheiks ha llegado a alturas tales que no pasa una semana tras la emisión en un país de una nueva e ingeniosa fatwa, sin que surja otra que la supere", escribió el comentarista.
Existe una rivalidad entre los clérigos del establishment y una nueva raza de predicadores de televisión, dice Amr Khaled, ex contador convertido en "tele-Imán" que trocó las túnicas habituales de estos personeros musulmanes por una chaqueta y una corbata. Su programa, "El Paraíso en nuestra Casa", se ve mediante cuatro canales satelitales del Medio Oriente y la revista Time lo eligió una de las 100 personas más influyentes en 2007. Khaled reconoce que carece de formación teológica formal y su programa está modelado por el estilo optimista de Oprah Winfrey, condimentado con enseñanzas religiosas. Dice que los académicos establecidos no están en contacto con las necesidades de los jóvenes, en especial las mujeres. "Si puedo evitar que los espectadores sigan malas fatwas, lo haré", dice. "Por desgracia, se dicen algunas injusticias en nombre del Islam y provienen incluso de instituciones respetadas".
Aly Elsamman, jefe del comité de diálogo y relaciones islámicas de la Universidad Al-Azhar, dice que "el verdadero problema es que se está recurriendo a la religión todo el tiempo e inyectándola en todas las cosas. Esto hace más urgente la necesidad de mayores conocimientos, pero la necesidad no está siendo atendida".