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  Masajes eróticos

  Masajes eróticos

  Sensualidad, complicidad y un orgasmo de ensueño puede lograr si le dedica al amor el placer previo de las caricias. Aquí le enseñamos cómo.

Sábado 10 de noviembre de 2007

En una sociedad estresada como la nuestra, donde todo va tan rápido que ni el amor tiene asegurado su tiempo, detenerse en el imaginario que desatan las caricias es la fórmula ideal para romper el cerco y recuperar la intimidad con nuestra pareja.

El masaje prepara nuestro cuerpo y nuestra alma para el placer y la excitación. Es parte esencial del arte de amar, pues relaja nuestros músculos, serena nuestra mente y produce la tan ansiada intimidad.

Bienestar físico, ternura, cariño, cuidado, y deseo se consiguen cuando las manos de nuestro amante repasa nuestro cuerpos para darnos placer. Así como el Tantra recomienda partir con masajes lejanos a las zonas erógenas y tomarse un buen tiempo antes de masajear en círculos los senos de las mujeres o explorar con pasión la oreja de un hombre, incluso los masajes más tradicionales le restan protagonismo genital a nuestras relaciones sexuales, y generan la atmósfera propicia para un encuentro absolutamente satisfactorio

¿Cómo hacerlo?

Lo primero es establecer una posición cómoda para ambos, en que la pareja se ubique de espaldas. Luego, iniciamos la atractiva tarea con masajes en las manos, los pies, la cara y la cabeza. Sin prisa alguna, nos adentramos en la espalda, los hombros y las piernas. Sólo entonces estimulamos los muslos, las ingles y los senos.

Los dos deben disfrutar de la sensación de tocarse, y estar muy atentos a la reacción de nuestra pareja. Se debe tener presente también que hay puntos como el cuello, la parte posterior de la nuca, los párpados, los hombros, las axilas, la cintura, los glúteos, los pies y ambos lados del tórax, que son muy sensibles a la estimulación bucal y manual.

Las zonas erógenas, o más sensibles debido a su abundante concentración de terminales nerviosas son la boca, el lóbulo inferior de la oreja, los senos, los órganos genitales externos, el periné y el ano. Pero se recomienda dejar estas áreas para el final, cuando el estado de excitación sea alto en ambos.

Si después de toda esta descripción su imaginario todavía no se echa a volar, le proponemos que ponga sus manos abiertas y relajadas en la espalda de su pareja, ejerza una leve presión a la altura del corazón con una mano, y con la otra repita el ejercicio, pero donde acaba la espalda.

Suaves caricias son el paso que sigue. ¿Los instrumentos? Las palmas de las manos y los dedos.  Otra alternativa es partir por el cuello, para desplazarse desde allí hasta los hombros, los brazos, la espalda, las piernas y bajar hasta los pies.

Un masaje con las yemas de los dedos en la cabeza sigue en la lista de nuestros consejos. Lo propio es partir detrás de las orejas, e introducir los dedos entre el pelo del otro, con movimientos rítmicos y un poco de presión.

En todo este proceso, podemos ocupar aceites para masajes o con aroma, y cremas, pues contribuirán a que nuestras manos corran con más fluidez por el  cuerpo de su pareja.

Terminada esta fase, llegó la hora de deslizarse con toda confianza por la columna vertebral, claro que sin perder la suavidad. Sólo entonces, podemos adentrarnos en los músculos, desde los hombros hasta la espalda para liberar la tensión del cuerpo de nuestro amante.

Llegó la hora

Este es el momento perfecto para que nos ubiquemos frente a frente con nuestra pareja, y con las yemas de los dedos masajeemos en círculos la cara, detrás de las orejas y los lóbulos.

Los puntos clave son las sienes, el inicio de las cejas, los pómulos justo debajo de los ojos-, la nariz y los labios, y entre los labios y la barbilla.

La hora de la sensualidad extrema ha llegado. Deténgase en el pecho de su pareja y después traslade sus caricias a las caderas, hasta acercarse poco a poco a la zona genital.

Ahora todo esta permitido.

La Nación

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