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  Sole Mio, pastas en el centro

  Sole Mio, pastas en el centro

  Nadie debe buscar gastronomía de alta calidad en este lugar de Moneda al llegar a Cienfuegos. Pero sí platos abundantes y sanos, precios sensatos y una intención multipropósito que un público común agradece.

Domingo 11 de noviembre de 2007

El nuevo restaurante Sole Mio, que comienza a llamar la atención bajando por Moneda hacia Cienfuegos, de la Plaza de la Constitución hacia el poniente, tiene, como todo, sus pros y sus contras. Más beneficios que perjuicios en términos de la necesidad que tiene un sector mayoritario de la población de comer abundante, sano y con una calidad aceptable. Además, a precio prudente. Existe una larga batería de pastas, tallarines, fetuccini, tagliolini, etc. dicen que hechas en casa, aunque algunas no lo parezcan , casi todas a 2.190 pesos, y la correspondiente lista de salsas, a 1.790. Sumando y restando, un plato hondo, bien abundante de tagliolini con salsa putanesca, por ejemplo, sale 3.980 pesos, lo mismo que casi toda combinación similar.

El precio no sería especialmente barato tampoco caro si no se considera que la porción es significativamente grande. Y que en la mesa hay abundante y buen pan, mantequilla, una especie de salsa tártara y otra salsa, también ambigua, que parece ser de berenjena. Aceite de oliva y queso rallado en abundancia. Téngase presente.

No se haga ilusión, sin embargo, el comensal con alguna aspiración gourmet, que el Sole Mio no tiene nada de eso. Los tagliolini con salsa napolitana, al igual que los fetuccini a la putanesca, llegaron a la mesa, el día jueves a mediodía, tras media hora larga de espera, con medio centímetro de agua en el fondo. ¿Diagnóstico? Cocina "apanada"; esto es, con un cuello de botella generado por una afluencia de público mayor que la capacidad de atender.

Las salsas tampoco son ortodoxas, y, reticentes nosotros al leer en la carta que la descripción de la llamada carbonara se ofrecía con crema y ají, que la original no lleva , optamos por dos cosas distintas y simples: tagliolini con mitad pesto y mitad napolitana, sólo de tomate, y fetuccini a la putanesca, atraídos por el sabor de la anchoa.

La salsa napolitana no tuvo ningún otro sabor ni cebolla, ni ajo, ni hierbas aromáticas que a tomate, y no precisamente a tomate fresco, sino a pasta de tomate industrial.

La putanesca carecía de la elemental anchoa, y contenía aceitunas verdes y no negras, como en la receta original. Pero el garzón Luis, apurado, pero muy gentil, trajo cuatro anchoítas en un plato para enmendar el error.

La pasta no estaba al dente, y un diagnóstico, que sólo podría cambiar con mucho esfuerzo de parte de los propietarios, es que en la pasta, uno de los atractivos de la casa, tiene poca artesanía y escaso cuidado en el aroma y el sabor.

El restaurante es grande, de dos pisos y con cocina a la vista. Los oficiantes tras los fogones están pulcramente vestidos y, como la cocina está visible, todos portan mascarillas sobre boca y nariz. Eso es muy bueno, pero, aparte de higiene lo que se agradece, y mucho , un restaurante debe contar siempre con un rasgo de sabor, una mano maestra, que aquí no se ve.

También hay que decir que, costoso en principio para oficinistas cotidianos, el lugar, nuevo y pulcro, aunque ruidoso, parece contentar por cocina, ambiente y nivel de precios, a una clientela algo más que de clase media estricta, y en general de buen ver.

Debe decirse que el mejor plato del almuerzo fue una entrada caliente, compartida, de bastones de congrio frito, que en tamaño eran significativamente más grandes que un simple bastón. El pescado estaba fresco y se sentía, al menos, un aliño de pimienta y comino leves. Ese es un punto bueno, que podría explorarse, al igual que la oferta de carnes.

El restaurante es de propiedad de la sociedad dueña también de Las Vacas Gordas, parrilla cercana que comenzó, hace unos años, también con un servicio atropellado y detalles de cuidado en los platos. Pero que se afirmó, como esperamos que prospere Sole Mio. LND

Restaurante Sole Mio. Pastas, mariscos, carnes. Moneda 1816, Santiago. Teléfono: 688 28 91.

 

La Nación

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