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  A modo de presentación

  Estos son algunos párrafos de la novela en curso "Rossini". Un barco parte de Valparaíso a Génova con exiliados chilenos. Es narrado por un joven y un viejo que morirá en la travesía.

Miércoles 14 de noviembre de 2007

(1). Por la claraboya se podía ver la costa chilena.

-Quizás Coquimbo, dijo el flaco, aspirando profundamente y pasándole el Joyce al Morsa.

-Son demasiado atormentados estos escritos... Dijo Campos, dejando las páginas en la cama de abajo del camarote.

Por la cassette sonaban Los Jaivas, esa música mestiza fluía de una radio del velador. Extraño mirar la costa chilena cuando esos tres del camarote y la mayoría de los del barco no podrían volver hasta quién sabe cuándo. Junio de 1974, el barco zarpa de Valparaíso, donde quedaron los familiares vigilados en el muelle (...)

-Nos vamos yendo de Chilito, hueón...

-¿Tu vai a Génova?

-Bueno, allí se fue el Joaquín y me tiene pega en una pizzería...

-Yo que no sé hacer ni huevos revueltos.

-Extraña la huevada de tener un pasaje de ida sin vuelta.

-Oye, ¿y cachaste que en primera va ese humorista y una conductora de la tele?

-No, ando ahuevonado total.

(2). En el camarote de los subterráneos. Allí durmiendo con seis más, parecido a los subterráneos donde dormía su otro, entre sesión de tortura y sesión de tortura. Despertando a veces por las toses del viejo español. Insomniado por las lecturas con linterna del profesor de Pelarco. Horrorizado por los ronquidos del portugués, el más alegre de la clase económica de ese barco arando el azul hacia el oeste del mundo. Son las cinco de la mañana y ya un turno de los de la cocina, incluido Fabricio preparan los jugos, los huevos duros, alertan a los panes napolitanos. Las máquinas zambelli humean ese buen olor a café. El barco avanza escoltado por una manada de delfines (...)

(3). No pude dormir. La mayoría no podía dormir. Por una oreja los ronquidos del viejo Balls y por otro las turbinas del barco que al llegar el silencio nocturno se escuchaban más que en el día. También llegó como a las cuatro al cuarto de al lado el Portugués totalmente borracho y el Curcuncho le hablaba sobre que el copete no era la solución para nada, pero el Portugués, que era de Coimbra, repetía que había salido a ponerle rosas rojas a los fusiles de los militares de su país, que el oporto era un licor de los dioses.

-Pero aquí estamos en Chile, hueón, le decía el Chitón, y deja dormir.

Así que atiné a escribir en este diario en un cuaderno que mi hermana metiera acaletado en la maleta: "Para que escribas". Al profesor le gustaba el nombre de mi hermana Rosa, porque decía que era el nombre de una gran revolucionaria olvidada por los machistas leninistas.

-Rosa Luxemburgo...flaco.

Aunque no entendía la mitad de lo que el vejete decía, resaltar el nombre de mi hermana y animarme a escribir con frases: hemos de dar testimonio al futuro de este desastre para el mundo. El profesor no roncaba y solía tomarle la mano, cuando Balls despertaba de ciertas pesadillas que le hacían pasar el ronquido al grito y ahí el insomnio generalizado invadía el cuarto 19 de los subtes del Rossini. Mañana llegamos al mediodía a Arica.

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