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  35 años Illapu

  35 años Illapu

  Banda sonora del pueblo en dictadura, Illapu, la agrupación más importante de la fusión andina chilena, rememora una historia llena de mentiras, heridos, charangos y zampoñas. Expulsados por Pinochet, recibidos como héroes con el retorno a la democracia, su líder, Roberto Márquez, enfrenta los dolores, la muerte de Eric Maluenda, la presión del mercado y los mitos en torno a su carácter.

Domingo 18 de noviembre de 2007

Roberto Márquez se baja de un taxi compungido. Celular en mano habla con su familia del norte. Hace quince minutos un terremoto sacudió su natal Antofagasta y por fin los teléfonos responden. Se tranquiliza luego de comprobar que todos están bien.

Ahora saluda algo nervioso. En su casa de Nuñoa, un caballo de metal pintado por su mujer da la bienvenida para repasar 35 años de historia.

Difícil. Illapu, el hijo menor de la movida del Canto Nuevo, tuvo su génesis en la experiencia socialista a la chilena, la efervescencia de los setenta y extrañamente en bandas como Los Platters y el Dúo Dinámico. Más de tres décadas llenas de mitos, que van, según Márquez, desde el mismo nombre. "Es cierto que José Miguel tuvo una banda que se llamó Los de Illapu en el colegio, pero ni siquiera tocaban quenas. La concreción del verdadero Illapu viene cuando Osvaldo Torres nos llena de música e instrumentos andinos y bautiza al grupo en el 71. Ahí comienza todo". Ahí se inicia la historia del relámpago (ese es el significado de la palabra Illapu en quechua).

BATALLA CAMPAL

Influenciados por grupos como Los Jairas, Ruphay y la música de Puno, cuatro de los once hermanos Márquez (Jaime, Andrés, José Miguel y Roberto) y Torres inician una búsqueda musical que los llevará por caminos insospechados. Tocan en un festival de Antofagasta y salen terceros. Ahí conocen a Carlos Elgueta, actual bajista del grupo. Luego tocan en la salitrera María Elena. Ahí se topan con Patricio Manns, quien era jurado y, pese a que ganan el certamen con una versión de "La muralla", el cantautor y periodista los insta a cambiar el rumbo. "Tienen que tener su estilo propio, componer... tienen todo el norte para alimentarse", les dijo. Consejo que el sello Dicap les repetiría luego. "Hicimos caso y comenzamos nuestra historia", dice Márquez. "Empezamos a venir a Santiago en el 72. Conocimos la movida. Éramos los más chiquititos en escena. A los Inti y los Quila les sorprendía esta suerte de tropa de zampoñas fuertes mezcladas con cuerdas. Ellos nos apadrinaron. Inti-Illimani presentó nuestro primer disco, fue una relación muy paternal. A los Quila incluso les enseñamos un tema que se llama Chacarillas , que tocaban los payas, que ellos montaron y que quedó en su repertorio". Nace "Música andina", el primer disco. Luego, Torres se va del grupo por una búsqueda personal, marcando un camino de rotaciones que se transformarán en pan de cada día. Luego vendrían los almuerzos en la Unctad (ex edificio Diego Portales), las ganas de cambiar el mundo y esas yerbas.

Illapu participará en la batalla campal en la que se transformó el Festival de Viña del Mar de 1973. "Era la guerra. Los Quincheros contra los Quilapayún. Mitad y mitad. Pifias, caos. Pero como vivíamos a mil por hora hicimos un festival paralelo en la entonces llamada Plaza del Pueblo en Valparaíso", dice Márquez. Con el golpe, unos integrantes deciden volver a Antofagasta. "El grupo tuvo un receso, pero pronto seguiríamos", dice. Para el músico, Illapu tuvo claro para dónde debía ir en 1975 con "Despedida del pueblo". "En lo temático también estábamos metidos. Y es que el Candombe para José , un tema muy alegre que políticamente podría no ser nada, si le buscas una segunda lectura la tiene y muy profunda, sobre todo para el Chile de la época. Entre el 75 y el 76 se transforma en una canción muy popular, que pelea los rankings. Pero también se mete en los campos de concentración. Cuando recibían un preso y cuando se iba un preso. Se hace parte de la gente del pueblo, aunque nosotros estábamos más metidos en el tema profesional".

LISTA NEGRA

Hasta 1977, la fórmula de "aprovechar todos los espacios que se nos den" tuvo resultados, con experiencias en televisión, con contratos anuales y conciertos varios recorriendo Chile. Sin embargo, su labor paralela apoyando causas solidarias (en esos momentos sin consignas políticas en sus canciones), como la Vicaría de la Solidaridad y los comedores infantiles, y rechazando "diplomáticamente" los eventos del oficialismo, les pasaron la cuenta. "Tuvimos varias advertencias, los productores nos pedían que asistiéramos a algunos eventos con olor a milico y, evidentemente, nos negamos. Decíamos que estábamos enfermos o que teníamos que viajar". "Esta noche es fiesta" fue el último intento de aparición televisiva del grupo. Anunciados toda la semana para el cierre del programa que César Antonio Santis conducía desde el Hotel Sheraton, el grupo estaba preparado. "Nos cambiamos de ropa y nos maquillamos, pero llegaron los milicos, la DINA, y dijeron: Los Illapus no pueden salir . Incluso nos pagaron el show". Atrás quedaban los tiempos de Canal 7 y el "Dingolondango"; hace rato que en la emisora oficial estaban vedados. "Los mismos productores nos advirtieron de listas negras y finalmente caímos en ellas". El espectro se fue cerrando, a tal punto que se les obligó a solicitar permisos oficiales para cada una de sus presentaciones. Los documentos debían especificar canciones, letras, lugar de residencia y nombres de cada uno de los integrantes, así como el motivo de los conciertos. Comenzaron las amenazas y los allanamientos a los camarines. "Más que nada nos amedrentaban, incluso los pacos realizaban golpizas con escándalo en los recitales; la cosa se ponía cada vez más negra. Nuestra relación con gente marcada por el régimen ya nos pasaba la cuenta".

QUÉ HACEN AQUÍ

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  Grabando un video en el centro de Santiago. En plenos 90 el éxito económico golpeó al grupo.
El 7 de octubre de 1981, Illapu regresaba de una gira por Europa. A las 12:30 se bajaron del avión y se subieron al bus que los llevaría a la aduana. Desde la terraza de Pudahuel, la familia y los amigos agitaban sus pañuelos de felicidad. Los integrantes venían con peluches en las manos y con la expectativa de presentarse en el programa "Chilenazo". De pronto, un automóvil detuvo el bus. "¿Quiénes son los músicos?", preguntó un grupo de la policía civil. Era la DINA y el conjunto tuvo que bajar en la losa. Los llevaron a la escalerilla del avión sin decirles qué pasaba. "Nos tuvieron tres horas. Y tuvimos una fuerte discusión. Agarramos a puteadas a los milicos que se sentían con el poder absoluto, en tanto nosotros teníamos una impotencia que nos superaba. Unos nos decían que sólo cumplían órdenes y que les gustaba el grupo. Y nosotros les respondíamos que eran unos pobres hueones", cuenta Márquez. En ese momento, el personal que limpiaba los aviones comenzó a llevar papeles escritos de los familiares al grupo. "Fuerza, estamos con ustedes", "tranquilos que el canal de Universidad de Chile está intercediendo", decían algunos de los recados. En tanto, ante la fuerte discusión, los militares querían llevar a la banda a una camioneta y trasladarlos a los hangares. "Nos negamos y les dijimos que tendrían que llevarnos por la fuerza pero que íbamos a resistir", dice Márquez. Treinta minutos después llegó un decreto de expulsión. El documento argumentaba que Illapu era un grupo de activistas marxistas que sumaban a la campaña de desprestigio de Chile. "Nos subieron al avión y nos mandaron de vuelta". El recuerdo quiebra a Márquez, que subraya ese hecho como uno de los más tristes de su vida. "Tratamos de mantenernos fuertes, pero José Miguel era el más afectado. En realidad, estábamos deshechos. La sensación es como si en la mañana salieras a trabajar, llevaras a tus niños al colegio y al regreso no puedes entrar a tu casa". Márquez detiene la conversación. "Todavía me duele mucho está huevá", dice mientras toma un trago de agua y sus ojos se nublan.

El vuelo de regreso a Francia fue terrible, pese a que el personal de a bordo quiso reconfortarlos. Antes del despegue, el piloto pasó intencionalmente por el lado de la terraza para que vieran a sus familias. En S o Paulo, el grupo no quiso bajar. Recién en Londres llamaron a Chile y se enteraron del revuelo que había causado la expulsión. Por eso, Márquez dice no entender cuando actualmente algunas versiones hablan del autoexilio del grupo. Y también se puede entender mejor porque afuera de su casa pese a que carabineros ha estado a punto de cursarles un parte hay una bandera chilena colgada todo el año (menos el 11 de septiembre).

Ya en Francia los esperaba un grupo de acogida a refugiados políticos. "Lo peor fue el vuelo; luego, pisando tierra, nos repusimos y empezamos de nuevo".

VUELVO VIDA

Después de aparecer en las listas de personas que podían regresar a Chile, y de experimentar un exilio cuya última parada fue México, el 17 de septiembre de 1988, Illapu (con varios cambios de integrantes) pisa nuevamente Pudahuel. Inquietos por la última experiencia que habían vivido en ese lugar, no sospechaban el impresionante recibimiento que les dio su público. Todavía estaba Pinochet y no sabían si podrían entrar. Luego de sacar las maletas, se abrió la puerta. "Estaba lleno de gente, carteles, amigos, gritos. Nos subieron a un bus que puso la revista Análisis y la Radio Umbral. Partimos y se hizo una caravana gigante. Fue una devolución de lo que nos habían robado. En el camino, la gente detuvo la caravana y nos hicieron bajar del bus. Saltamos, gritamos, cantamos. Y luego seguimos. En la Alameda nos pararon tres veces. Fue muy hermoso". La gira que tenían programada no resulta. El fervor del plebiscito determina que los conciertos tenían que ir por ese camino. Llega el show que, junto a Inti-Illimani, realizaron en el Parque La Bandera. El 21 de septiembre salen a escena. "Era un mar humano con la cordillera de fondo. Fue increíble. Así nos recibió Chile".

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