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  Savoir pour prévoir

Jueves 22 de noviembre de 2007

El surgimiento de la filosofía positivista fue posible gracias al dominio de ciertas ideas "cientificistas" a mediados del siglo XIX. Toda explicación de todo fenómeno social debía partir de lo real y objetivo. Desde lo positivo. El conocimiento y la aprensión de las leyes asociadas al fenómeno redundaban en provecho del hombre. La máxima fue "saber para prever".

El francés Auguste Comte (1798-1857) resultó el intelectual de mayor trascendencia e influencia entre los pensadores del positivismo. Pese a lo anterior, fue un ejemplo de "fracaso profesional", como dice Jürgen Henningsen, o simplemente personal. El contexto histórico y la acciones del propio Comte lo ilustran. La educación en su época estaba determinada por férreos principios católicos. Era también elitista y funcional a la monarquía. Comte, sin embargo, desarrolló gustos republicanos y laicos. Siendo alumno de la Escuela Politécnica de París, su nombre encabezó una protesta contra la dirección del establecimiento. El Gobierno disolvió la institución y Comte no pudo terminar su carrera. Tuvo, además, conflictos con su familia y se casó con una mujer de dudosa reputación. Luego fue secretario del Conde de Saint Simon, socialista utópico que se dedicaba a escribir libros religiosos. Pero este vínculo se rompió rápido debido a los sentimientos y valores anticlericales sostenidos por Comte. Durante un tiempo pudo vivir a costa de hacer clases particulares. Sólo en 1832 logró ser "repetidor" en la reabierta Escuela Politécnica y "examinador" en 1835, aunque nunca logró titularidad. Esta precaria situación, sin embargo, se rompió nuevamente cuando fue expulsado a causa de sus protestas contra la corrupción del sistema de enseñanza. En adelante, Comte logró sobrevivir gracias al apoyo de algunos amigos.

Más allá del fracaso de Comte, lo que queda es ciertamente su aporte teórico. Pero la actitud crítica e irreverente frente al poder también se constituye en un poderoso legado. En general, sus ataques se dirigieron al estado de la sociedad. pero también a la actitud complaciente de la burguesía con la monarquía. Las ideas de Comte fueron una amenaza para quienes se beneficiaban y gozaban del culto al statu quo o para quienes estando en situación de poder se habían convertido rápidamente en conservadores. Comte, por el contrario, mantuvo una prudente distancia de toda organización, grupos de influencia o partido. Eligió el duro camino de la independencia personal e intelectual.

Las plazas, monumentos y avenidas que actualmente llevan el "glorioso" nombre de Auguste Comte se explican debido a sentimientos nacionalistas o chovinistas. Pero no bastan para desmentir el hecho de que fuerzas reaccionarias hayan marginado a Comte mientras vivió. Los elogios a los grandes hombres del pasado por lo normal resultan falsos o incompletos. ¿Hasta qué punto los historiadores son responsables de estas deformaciones? A lo largo de la historia muchos no han sido considerados y mientras vivieron se les ignoró. Se les combatió y destruyó. Guardando las proporciones, incluso en Chile podemos encontrar decenas o miles de ejemplos.

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