
Jueves 22 de noviembre de 2007
"Los políticos no somos perfectos, como se cree", confesó modestamente hace poco el presidente de Renovación Nacional, Carlos Larraín, a la periodista Jacqueline Tichauer, de LND. ¿Eso se cree? No conozco una sola persona que concuerde, y en cambio sí muchas que creen todo lo contrario. Por eso sospecho que Larraín en realidad quiso decir: "Darling, look at me, soy un virtuoso".
"Sueña el rey que es rey, y vive con este engaño mandando, disponiendo y gobernando ", dice Segismundo en el famoso monólogo de "La vida es sueño" (Pedro Calderón de la Barca, 1635). Larraín y la mayoría de sus colegas se sienten representantes legítimos de quienes los votaron, de quienes votaron por otros, y también de quienes no votaron nunca, que pronto seremos mayoría. Sólo tal delirio puede explicar que en la reciente Cumbre Iberoamericana, Chile se haya puesto ante los demás como ejemplo de participación democrática, debido a que "los políticos han aprendido a ponerse de acuerdo". Ojo que la afirmación es devastadoramente verídica: la mayor parte de los parlamentarios, funcionarios y dirigentes de partidos efectivamente han aprendido a mimetizarse, ajenos a la indiferencia de la sociedad que dirigen.
La última votación parlamentaria sobre el Transantiago es un buen ejemplo: entre algunos que no eligió nadie y un grupo de tránsfugas, se han burlado de todo el país dos veces. Y aunque sólo buscan la profundización del caos, el bando oficialista anuncia nuevos parches en lugar de actuar como se debe en casos de crisis terminales: intervenir y estatizar el sistema, tal y como insiste Eduardo Frei. Los parches equivalen a que en Tocopilla se distribuyan alimentos y agua a través de comerciantes especuladores.
En el Gobierno de Lagos modificaron la Constitución y nos enteramos por la tele. Ahora acuerdan un nuevo cambio constitucional, la Ley de Educación, y aquí estamos todos, los 16 millones de pelotas, una vez más de observadores. A estos personajes no les pasa siquiera por la cabeza que en países civilizados como Suiza, Italia o Uruguay estos temas se someten primero a debates sociales organizados, no sólo comisiones, y luego a consulta plebiscitaria. Eso sí, a la salida de sus conciliábulos siempre hay tiempo para criticar los métodos tiránicos de Chávez, cuya propuesta de reforma constitucional ha sido debatida, desmenuzada, ampliada y combatida en toda Venezuela por meses, y se someterá a plebiscito el 2 de diciembre.
Como aquí somos más democráticos, tenemos alergia a las organizaciones sociales, no necesitamos plebiscitos ni debates públicos, sino apenas votar por los vencedores de las escaramuzas internas de esas logias cerradas que se llaman partidos. Y rezar después. Sí, ellos sueñan que la gente los cree perfectos y deliran con un paso a la Historia con sus trampitas y ambiciones. Imposible. Nadie se acordará de ellos porque, como en el soliloquio de Segismundo: "...y este aplauso, que recibe prestado, en el viento escribe y en cenizas le convierte la muerte, ¡desdicha fuerte!".