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Viernes 23 de noviembre de 2007
Ángel Parra es un artista de bajo perfil, y lo reconoce. Desde la esquinita inadvertida en la cual quiere permanecer el resto de su vida, hace lo suyo: la música y la escritura.
Se comenzó a dedicar a los libros desde el 2000. Publicó el primero, "Dos palomitas y una novelita corta", en 2002. Luego publicó su primera novela en España, "Manos en la nuca". De ahí vinieron "Violeta se fue a los cielos" y acaba de terminar otra novela, que será editada entre fines de este año y comienzos del próximo.
-¿Cómo fue el proceso de volverse a la literatura?
-A la literatura de pobre, a la desconsiderada, como es la canción, me dedico desde hace años. Las canciones son también una forma de literatura. Sin embargo, no me siento en la literatura. Estoy en mi cuento, que es dejar algo más que un testimonio, casi humorístico, a las futuras generaciones de lo que fue el sufrimiento pasado.
Canciones y armas
El mes pasado fue agitado para los Parra. Los 90 años del natalicio de Violeta, celebrados el jueves 4 de octubre, los tuvo a punta de eventos, entre ellos la inauguración de la nueva sala de exposiciones abierta en el Centro Cultural Palacio La Moneda. El trabajo ha sido arduo, pero los resultados están a la vista, "el Estado la ha reconocido". Hoy se realizará el homenaje a la artista nacional, desde las 16 horas en el Parque O Higgins (ver recuadro).
-Ustedes (los Parra) tienen la responsabilidad de mantener viva la obra de su madre. ¿Cómo se asume este compromiso?
-El deber y la misión de mantenerla lo hace la Fundación Violeta Parra, que dirige mi hermana (Isabel) y eso ya está enrielado. El Estado se hace cargo y nosotros desaparecemos. No es una carga en lo absoluto.
-¿Pero nunca ha sentido miedo de que su obra no sea lo suficientemente reconocida?
-Siempre lo hemos sentido, es por eso que cantamos las canciones. Por eso hemos protegido la obra, para cumplir lo que ella quería, que esta obra perteneciera al pueblo chileno. Al Estado, no a un privado.
- ¿Por qué cree usted que habría luchado Violeta hoy?
-No sé si hubiera llegado hasta acá durante la dictadura, porque era una mujer de carácter fuerte que sabía lo que quería. Podría haber sido dirigente política desde la clandestinidad y, no me cabe duda, habría tomado las armas. Ella compuso "Quisiera tener un hijo" y ese no era yo, era Manuel Rodríguez. Yo no habría tomado las armas, ella sí.
- ¿Cuál es su visión política de Chile?
-Creo que el país está en una especie de trampolín. Los dirigentes están en el trampolín de una piscina sin agua. Con esto me refiero a los recursos que hay que poner en educación, salud pública y vivienda, que son obligaciones de cualquier estado. Chile no puede ser un mall. Un país que no es capaz de dar una buena asistencia de salud a los más pobres es un país que no tiene respeto. No sé si los dirigentes nuestros están en Fonasa, pero yo sí estoy y es un desastre. En los sectores marginales hay desesperanza y desolación por lo prometido y no realizado. Es un peligro muy grande llegar a las elecciones y que las gane la derecha.
-¿En qué ha fallado la Concertación?
-Hay mucha inconsciencia en la Concertación. Si eso sigue así, existe el peligro de que gane la derecha. En la Concertación se han acostumbrado mucho a su status: vehículos con chofer, excelentes salarios. No bajan al pueblo a compartir y a ver cómo vive y muere la gente.