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  "Mi padre no era un monstruo"

  "Mi padre no era un monstruo"

  Mientras continúa el fervor por el controvertido muralista mexicano y de paso se recuerdan los 100 años del nacimiento de Frida Kahlo, su hija Guadalupe Rivera no da tregua a la pintora -"Estaba seriamente enferma porque era una drogadicta"-en esta crónica construida en una van camino a Lo Barnechea.

Domingo 25 de noviembre de 2007


El sol se abre paso en la contaminada bóveda santiaguina y Guadalupe Rivera Marín, la hija del pintor mexicano, espera impaciente en el Hotel Caesar Business. Es 9 de octubre. Sobre una de las mesas descansa un café cortado y un plato de galletas a medio terminar. La ajetreada agenda con la que está conmemorando los 50 años de la muerte de su padre la tiene en pie desde temprano. Discretamente, arregla su cabello corto y castaño con las manos. La mujer que la ayudaría a vestirse no llegó.

"¿Vamos?", comenta mirando el reloj.

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El motor de la grisácea van que la llevará hasta la Corporación Cultural de Lo Barnechea (COBA) está en marcha. En plena Costanera Norte, el rostro de 83 años de Rivera Marín se refleja en un espejo de mano, frente al que maquilla sus labios, medianamente gruesos, de color rojo opaco. La imagen devela una feminidad que contrasta con las fotos de su niñez, cuando su padre la hacía usar el pelo corto, pantalones de overol, camisas y zapatos de ferrocarrileros.

Y es que Diego Rivera siempre quiso tener un hijo hombre. Pero el sueño se esfumó cuando el único varón que nació de su primer matrimonio, con Angelina Beloff, murió siendo un bebé. Guadalupe sonríe. Esos recuerdos no la atormentan. No sólo ha luchado incansablemente por los derechos de la mujer, sino que la llaman doctora y su currículum pesa. Abogada, historiadora, senadora, militante del PRI, diputada, economista, escritora y actualmente presidenta de la Fundación Diego Rivera, le demostró con creces a su progenitor que para triunfar no era necesario llevar corbata.

Hace más de medio siglo, Guadalupe y él se reencontraron. No sólo volvieron a vivir juntos, sino que el sonido de la campanilla que el muralista tocó a las 23 horas del 24 de noviembre de 1957 hizo correr a la hija a sus brazos. Mirándolo a los ojos le vio morir.

-Fue en ese tiempo que se reencontraron más

-Traté, pero en ese tiempo él ya estaba casado con otra señora [Emma Hurtado, con quien contrajo matrimonio en 1955]. Y ésta era muy absorbente pues también cuando estaba casada con Frida le dedicaba mucho tiempo a ella. Aunque yo viví sólo un año con ellos y lo pasé muy bien.

AMOR Y ODIO

La idea de difundir la vida y obra de su padre, y con ello reivindicar el arte público en el mundo entero, no nació hace mucho tiempo en la cabeza de Guadalupe Rivera.

Su relación con el muralista mexicano no estuvo exenta de discrepancias. "Yo no era miembro del Partido Comunista ni me interesaba, y esto le molestaba a mi padre. Estudié en la Universidad Nacional Autónoma de México y me convertí en profesionista como él siempre deseó, pero me formé con profesores y maestros progresistas en un ambiente diferente al de su partido".

Guadalupe se arregla el pañuelo tonos pastel que lleva en el cuello. Desde la nariz hasta el mentón, sus rasgos son muy similares al del panzón artista que amó los corridos mexicanos, la política y el ají. "Dibujaba sobre un piano de cola que tenía en su casa en Guanajuato. Tenía dos años. Hasta que su padre, mi abuelo, destinó una habitación de la casa para que allí se dedicara tranquilamente a dibujar", comenta con lucidez.

Sin embargo, Guadalupe reconoce que estas historias sólo las conoció después de la muerte del artista.

¿Qué es lo que la movilizó entonces a convertirse en promotora de la vida y obra de Diego Rivera? Todo empezó con una película, "Frida" (2002), protagonizada por Salma Hayek, la que Guadalupe detestó por varios motivos: entre ellos que su madre, Lupe Marín, aparece como una borracha, siendo que nunca tomó alcohol, y que Frida es retratada como una víctima del pintor. Por eso creó la Fundación Diego Rivera. "Había que poner las cosas en su lugar", dice seriamente.

-Todas las entrevistas que ha dado a medios chilenos están centradas en Frida. ¿No tiene algo de cariño por la que fue la mujer de su padre?
-Porque Frida es ahora ícono de una sociedad decadente, por eso. Porque Frida como pintora no vale. Yo le tengo mucho afecto, la descalifico desde el punto de vista artístico, no desde el ser humano. Ella era muy amable, inteligente, culta. Yo empecé a leer a Freud porque ella me aconsejó, íbamos al cine, a reuniones, siempre había fiestas en la casa, siempre había música era una mujer alegre.

-Hay quienes piensan que Frida fue el gran amor de Diego
-Ésa es una cuestión diferente, ¿no? No es que fuera el gran amor de su vida, porque, por ejemplo, en unas declaraciones mi padre dice que a Lupe Marín no la pudo nunca olvidar.

-¿Le parece que las biografías que hablan de Diego Rivera lo dejan como un mujeriego, un monstruo?
-Bueno, eso es otra cosa. Era un monstruo porque tuvo tres o cuatro matrimonios y se enamoraron muchas mujeres de él, o él enamoró a muchas mujeres. Los hombres, en general, hacen lo mismo, ¿no? Y ahora, por favor, no quiero hablar más. Ya estoy muy cansada.

Los ojos de Guadalupe oscilan entre la furia y la tristeza. Encendidos, tiritan como llamas de vela. "Ya estoy cansada de escuchar que mi padre era un monstruo. Perdóneme ", vocifera.

-Pero en esta tarea de promover la vida de su padre debe estar acostumbrada a lidiar con esos mitos
-Bueno, por eso. No era ningún monstruo. Era un hombre bondadoso, generoso, un hombre que entregó su vida al arte, al país. Yo aprendí de él el amor a México y de monstruo no tenía nada. Eso lo han inventado.

La tensa atmósfera es interrumpida por Antonio Tenorio, agregado cultural de la Embajada de México en Chile, quien le habla de las diapositivas que proyectarán en el COBA. Pero Guadalupe sigue alterada y le insiste en que las imágenes deben ir ordenadas desde agosto a julio: "Debe ir así, porque está dedicado a Frida. Se casaron en agosto y termina con el cumpleaños de Frida, ¿no? Con ese libro yo quise demostrar que Frida no era una víctima de Diego Rivera, sino que Frida tenía su vida personal, muy normal y alegre, hasta que se volvió seriamente enferma. Y estuvo seriamente enferma porque se volvió excesivamente drogadicta era una drogadicta, es la verdad ".

En el COBA una fila de mujeres platinadas espera saludarla. Escotes, pieles tostadas, peinados de peluquería, espaldas descubiertas, tacos de aguja y perfumes caros salen al encuentro de la hija de Diego Rivera.

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