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  Habló El Padrino

  Habló El Padrino

  El destacadísimo músico cubano -compositor, director de orquesta y gestor de algunas de las más avanzadas instancias de docencia en la isla- llega por primera vez a Chile para enseñar, dirigir y recibir el saludo de un mundo cultural que se ha mirado mil veces en su talento.

Domingo 25 de noviembre de 2007


La guitarra de vanguardia, la música sinfónica y la docencia de alto nivel; pero también la Nueva Trova Cubana y parte de la Nueva Canción Chilena, han visto en algún momento en Leo Brouwer (La Habana, 1939) al modelo del músico cabal, comprometido con su oficio y con la divulgación cultural, con el desarrollo de la técnica tanto como con la preservación de claves musicales en riesgo de banalizarse. Por su trabajo señero en el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, Brouwer es un símbolo de lo mejor del arte cubano desarrollado bajo la revolución. Sus grabaciones superan el centenar y los elogios hacia su persona cruzan continentes.

Admirador de los compositores chilenos Domingo Santa Cruz y Juan Orrego Salas ("hay una calidad muy depurada en su música", estima), amigo de Gustavo Becerra y Leni Alexander, padrino de los pasos musicales que en Cuba dieron gente como Isabel Parra y Patricio Manns, Brouwer ha sido un personaje demasiado cercano a Chile como para no haberlo visitado nunca antes. Por una razón u otra, su esperada primera venida se fue aplazando "porque en la época larga, la de Pinochet, era imposible viajar, y desde hace más de 30 años mi vínculo profesional ha sido prácticamente con Europa", según cuenta al teléfono desde La Habana, poco antes de su primera agenda en Santiago. En el último par de décadas, el músico se ha ocupado en la dirección de orquestas como la Filarmónica de Berlín, la Orquesta de Conciertos de la BBC y la Orquesta de Córdoba (España).

FUSIÓN MAGISTRAL

El cubano llega a Chile para una serie de actividades que incluyen clases maestras en la Escuela Moderna (1 de diciembre) y un concierto sinfónico en el Teatro Oriente (4 de diciembre). Sus acompañantes en esa única presentación ante el público serán el ensamble Prometeus, el guitarrista Joaquín Clerch y la clarinetista Niurka González (a quien no puede dejar de presentarse, además, como la esposa de Silvio Rodríguez). Por si los aplausos de sus pacientes seguidores chilenos no fuesen suficientes, Brouwer se irá cargado de condecoraciones oficiales: un Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Chile, y la Orden al Mérito Artístico y Cultural Pablo Neruda que la propia Presidenta Bachelet le entregará en La Moneda el 3 de diciembre.

Todo discurso de reconocimiento probablemente resalte lo que acaso constituya el sello esencial de Brouwer, y que ha sido su visión integradora de los mundos docto, folclórico y popular. A través de su cargo al frente del Departamento de Música del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, en 1968 creó el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, con el fin de renovar los vínculos entre cine y música popular. Fue una simiente para la Nueva Trova Cubana.

"Se ha dicho ya muchas veces, pero fue un grupo que proyectó a los grandes de la Nueva Trova [Silvio Rodríguez, Noel Nicola, Pablo Milanés] hasta hacer que miles de muchachos, en todo el continente, quisieran hacer canto y poesía", sopesa ahora sobre esa influencia.

-Hoy no es extraño observar esos puentes de vínculo entre géneros musicales, pero imagino que en los años sesenta constituía una considerable osadía.
-Claro, no era frecuente, aunque nunca han faltado ejemplos. Aunque la palabra esté hoy fuera de moda, estimo que en la militancia está la integración de todos esos factores. Piense usted en lo que hizo Frederic Rzewski y sus 36 variaciones para "El pueblo unido". Eso es una obra maestra del pianismo, de la vanguardia. Y así hay otros ejemplos. También hubo un momento en que eso sucedió con el fin de reafirmar la nacionalidad,.

-En sus entrevistas más recientes reitera usted la preocupación por la banalización del folclore latinoamericano a manos del mercado. ¿Por qué le preocupa hoy particularmente este asunto?
-Prefiero decir que se hace bien en evitar el facilismo turístico de los instrumentos folclóricos. Al usarse mecánicamente, el instrumento pierde su valor. Entonces, aunque estéticamente sea más difícil de lograr, estimo que esos timbres pueden trabajarse no a la manera banal, sino que incorporándolos como elementos de música. Es algo complejo de explicar aquí, tan brevemente, pero digamos que es como comenzar a mirar con microscopio valores musicales que, de tan subestimados, ya no se ven. Esto no quiere decir que nuestras músicas no sean exportables, pero sí creo que el uso y abuso de formas y clichés hacen caer a la música en la banalidad, y con eso la música va perdiendo longevidad y se va convirtiendo en un producto instantáneo, que se pierde en pocos meses. Los yanquis, que son los reyes de la comida chatarra, pues se han encargado de mostrarnos también la música chatarra.

-¿Qué satisfacciones encuentra un músico tan experimentado en la docencia?
-Como soy autodidacta, encuentro un gran placer en informar de las cosas que me tomó un gran esfuerzo descubrir por mí mismo.

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