
Domingo 25 de noviembre de 2007
La nueva historia que hoy nos alecciona y sorprende sin cesar es, sin lugar a dudas, la cultural. Las nuevas preguntas de la curiosidad contemporánea parecen no tener fin, sus perspectivas son completamente inéditas, atrevidas y eficaces para seducir a un público que exige conocimientos útiles y muy diversificados, acordes con sus auténticas preocupaciones. Así, hemos visto publicados en las últimas décadas sesudos estudios históricos sobre la felicidad, la muerte, el vestuario, la playa, los naufragios, la locura, la alimentación, la pesca del bacalao, el Ártico, la ciudad, el deporte, el paisaje, los viajes o el matrimonio.
Por ello no debe extrañarnos que el reportero y polígrafo anglosajón David M. Friedman nos proponga una aproximación histórica tan provocadora como necesaria: una historia cultural del pene. Siguiendo los principales trabajos pioneros sobre sexualidad, antropología cultural e historia de las mentalidades, podemos comprender la importancia que nuestra civilización y las que la han precedido desde el hombre primitivo otorga al miembro viril, a su especificidad y a su circunstancia.
No sólo por su protagonismo en la sexualidad, sino como metonimia representativa del varón e incluso de toda la raza humana, como emblema del poder, del placer, de la fertilidad, de la intimidad y aun de la sinceridad física. Vara del diablo, Cambio de marchas, Vara de medir, Puro, Ariete y Balón a prueba de pinchazos así se titulan los seis capítulos del libro son las distintas aproximaciones al pene a lo largo de la historia como tema de estudio desde la mitología y la religión, las bellas artes y la antropología, la sicología, la política, la biología, la farmacopea y la medicina. Porque hay que dar respuesta a la conocida pregunta que formularon los antiguos griegos: "¿Posee pene su poseedor, o es el pene quien posee a su poseedor?".
En contraste con la politización y el desprecio que el feminismo le ha reservado aumentando así, paradójicamente, su protagonismo social , la historia del ser humano no puede explicarse sin hacer mención del pene. ¿O no es a través del pene que Abraham ancestro común del judaísmo, cristianismo e islam establece su pacto con Dios? El venerable anciano convierte así a la circuncisión en una manera de conseguir la fecundidad y perpetuar su estirpe, en un ritual sagrado que hebreos y musulmanes piensan seguir manteniendo en el futuro.
El Deuteronomio, en el Antiguo Testamento, pide a cada hijo de Israel que "circuncide su corazón". ¿Y no es la falta de circuncisión una de las señas de identidad del mundo grecorromano, que no tiene reparo en exhibir la desnudez del pene, pero que considera de mal tono mostrar el glande fuera de la protección de la piel, como los orientales? El sexo masculino es considerado como símbolo de lo valioso y venerable.
Si hoy los testigos en un juicio juran sobre un texto sagrado, en el mundo antiguo lo hacen sobre los testículos jurar por el órgano es jurar por el mismísimo Dios , como demuestra la etimología de la palabra testificar.
La Vanguardia
The New York Times Syndicate