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  Almaviva cumple una década y muestra su mejor cosecha

  Almaviva cumple una década y muestra su mejor cosecha

  El vino de la alianza entre la baronesa de Rothschild y Viña Concha y Toro se pone pantalón largo y muestra su primera y su última cosechas, los extremos de una década. La del 2005 es una verdadera delicia, elegante, perfumada y sabrosa.

Domingo 25 de noviembre de 2007


El vino Almaviva cumple diez años y los celebró el miércoles con una fiesta en principio fastuosa, invitados franceses, mucha elegancia y la presencia de la baronesa Philipine de Rothschild, la hija y heredera de un hombre interesante, el barón Philippe de Rothschild.

La fiesta, en la que la cena fue acompañada por dos cosechas, las de 1996 y la del 2005 de Almaviva, tuvo lugar por La Pintana, en la hermosa e imponente bodega de la viña anfitriona, que nació hace una década de la unión, en un joint venture, de los franceses de Viñedos Barón Philippe de Rothschild y los chilenos de Viña Concha y Toro.

Se dice que el barón Philippe fue héroe de la resistencia antinazi, intrépido piloto de carreras, visionario productor de vinos de altísima calidad y amigo de artistas plásticos de la talla de Picaso, Dalí, Chagall, Miró y Bacon, entre otros. El hecho objetivo es que, desde 1945, el año de la liberación y una de las mejores cosechas de Chateau Mouton, esos amigos artistas pintaron sucesivamente un cuadro que se transformó en etiqueta de las botellas de esta marca, cada vez más famosa, cambiando cada año hasta el día de hoy.

La baronesa Philipine, hija del barón y presidenta de Chateau Mouton en Francia, y Alfonso Larraín, presidente e importante accionista de Concha y Toro, fueron los anfitriones de un evento que tuvo dos hechos capitales.

Uno, la Viña Almaviva y sus vinos, que están consolidados como unos de los mejores de Chile y tienen un éxito mundial. Y dos, una cena pueril, lo que tiene menor relevancia que los vinos, pero que no deja de tenerla: lo que salvó la noche fueron las dos cosechas de Almaviva.

El primer vino servido, el de 2005, es una delicia, un prodigio: es un vino con apenas dos años de vida y recientemente embotellado, a pesar de lo cual ya tiene una singular elegancia y una extraordinaria finura de taninos. Posee además una nariz formidable, a frutas rojas, cedro y especias, lo que se repite en boca con unas curiosas aunque no infrecuentes notas a durazno muy maduro, dulces y amables, sabrosísimas.

El otro vino, el de 1996, es un muy buen vino, con un aire muy francés, ya evolucionado, con tonos vainillados, a fruta negra y ciertas notas animales, que lo empequeñecen ante la última cosecha embotellada. Pero eso no es malo: es mejor que el último vino sea de más calidad que el primero.

Y el Almaviva 2005 es el mejor que hemos catado. Y los hemos catado todos.

La Nación

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