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  El triunfo definitivo de Fu Manchú

  La incapacidad de Occidente de competir con los precios chinos, sumado a un crecimiento acelerado de su economía y al desarrollo del capitalismo salvaje bajo un régimen dictatorial sangriento y represivo, los está llevando a la victoria final.

Domingo 25 de noviembre de 2007

Fu Manchú fue el terror de nuestra infancia. Este villano chino, protagonista de novelitas baratas y de historietas que plagaban la caótica biblioteca familiar, es la creación del excéntrico escritor norteamericano Sax Rohmer, quien escribió en 1913 el primer episodio de esa saga interminable y escalofriante. El chino era el non plus ultra de la crueldad, y el motor de su existencia era un odio sin límites a la civilización occidental y la raza blanca, a la que buscaba eliminar por todos los medios. Un ser sádico y malévolo a quien Rohmer, en "El demonio amarillo", describe así: "Imagínate una figura clásica de mandarín chino; un hombre de alta estatura; delgado, de miembros recios, felino en sus actitudes y movimientos, con un entrecejo como el de Shakespeare y un rostro de expresión verdaderamente satánica. De su cráneo afeitado pende la coleta tradicional de los hijos del Imperio Celeste. Sus ojos tienen el fulgor magnético de los ojos de la pantera". Durante a lo menos 30 años, todos los villanos más maléficos del cine y de los cómics eran chinos. Pero Fu Manchú era insuperable. Descendiente de la familia imperial, sus recursos económicos eran ilimitados. Sus conocimientos en todas las ciencias y las artes, asombrosos. Y su maldad no conocía límites.

Aquellas tramas, que fueron un simple pasatiempo infantil, enmarcadas en la noción del "peligro amarillo" esa vieja amenaza que quitaba el sueño al mismísimo Napoleón Bonaparte , hoy resulta que se han transformado en realidad. Los chinos están dominando el mundo. Y sus estrategias, creadas por alguien que sospechamos no puede ser otro que el propio doctor Fu Manchú, busca principalmente la desindustrialización de Estados Unidos y de Europa, generando grandes espacios geopolíticos vacíos de población. La incapacidad de Occidente de competir con los precios chinos, sumado a un crecimiento acelerado de su economía y al desarrollo del capitalismo salvaje bajo un régimen dictatorial sangriento y represivo, los está llevando a la victoria final. Se pensaba que la China de Mao, con su poderío nuclear, constituía un peligro feroz. Patrañas. La vieja China roja no era en absoluto un peligro para Occidente, empeñada como estaba en electrificar provincias y crear las condiciones que recién hoy le permiten levantarse como un gran dragón, que agita sus alas llenas de logotipos y emblemas comerciales. El peligro amarillo está desplegado en toda su ferocidad, siguiendo las reglas impuestas por la economía del Imperio. Nada fuera de la norma. Hoy todo se fabrica en China. Grandes marcas, incluso las más fashion, como Armani o Vuitton, han tenido que ceder a las ventajas de manufacturar sus productos en las factorías de China. Fu Manchú se frota las manos con largas uñas cubiertas de jade. Su laboratorio echará vapor por los cuatro costados. Sus ninjas y asistentes estarán saltando en una pata. Por fin, tras décadas de intentarlo, Occidente está a sus pies. Hay un 1% de chinos millonarios. El doctor debe ser el principal de ellos. La profecía de Sax Rohmer se cumple por fin y el peor de los sueños se vuelve realidad. Napoleón se debe estar revolcando en su imponente tumba de París. El peligro amarillo es hoy una realidad terrorífica. Las grandes empresas parecen seguir el juego a China y los Estados de Occidente no saben muy bien qué demonios hacer.

Al parecer, todo el conflicto con Irán e Irak no es más que un subterfugio para desarrollar un gran plan militar que frene a China. El problema es que China está ganando una tercera guerra mundial que no es militar, y Fu Manchú lo sabía.

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