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  Sueños atómicos en Brasil

Domingo 25 de noviembre de 2007

Sorpresa total. El general del Ejército brasileño José Benedito de Barros Moreira proclamó que su país podría requerir de bombas atómicas para defender su patrimonio. El general brasileño es el secretario de Política, Estrategia y Relaciones Internacionales del Ministerio de Defensa. Según Moreira, la idea de contar con semejantes armas se justifica dado que Brasil, en su opinión, es el blanco de codicia internacional: "El mundo carece de agua, energía, alimentos y minerales. Brasil es rico en todo eso", afirmó.

Los propósitos fueron vertidos por Moreira la semana pasada, en el curso del programa televisivo "Expresión nacional", donde, en forma aparentemente espontánea, dijo: "Nosotros tenemos que tener en Brasil la posibilidad futura, si el Estado así lo entendiera, de desarrollar un artefacto nuclear. No podemos quedar ajenos a la realidad del mundo". El general no señaló cuáles son los peligros concretos que cree que acechan a su país, pero avanzó que "estamos captando, en el área sudamericana, puntos de tensión que se pueden desarrollar y que deben ser observados y acompañados". La declaración no deja mucho espacio a la imaginación, dado que el Presidente venezolano, Hugo Chávez, viene de reafirmar la voluntad de su país de desarrollar una capacidad nuclear, según lo estipulado por él, para fines pacíficos. Venezuela ha estado en negociaciones con Argentina y, más recientemente, con Irán en materia de coooperación nuclear.

Moreira puntualizó que su país incluso podría abandonar el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), lo que ocurriría bajo dos circunstancias. La primera, que algún país vecino desarrolle un arma atómica, y la segunda, "en el momento que el Estado se sienta amenazado". Un par de parlamentarios que participaban en el programa reaccionaron con espanto ante las declaraciones. Y no es para menos. Las palabras de Moreira son muy alarmantes, pues no queda claro si son un exabrupto personal o constituyen un globo sonda para captar reacciones. Son, en todo caso, sorprendentes, pues Brasil ha mantenido históricamente una postura contraria a la proliferación de armas atómicas. De hecho, protestó por las pruebas realizadas por Corea del Norte. Y el Ministerio de Relaciones Exteriores, conocido también como Itamaraty, subrayó que el país no tiene intenciones de retirarse del TNP.

América Latina tiene el privilegio de no contar con armas atómicas. Es una región pionera y ejemplar, pues en 1967 fue firmado el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares, más conocido como el Tratado de Tlatelolco. Al año siguiente fue establecido el TNP, que entró en vigor en 1970 y que establece que los países que poseen armas nucleares facilitarán tecnología para producir energía nucleoeléctrica, a cambio de que los que aún no tienen estas armas se comprometan a no desarrollarlas. Los países con arsenales atómicos, por su parte, frenarán la carrera armamentista en este campo e iniciarán un desarme gradual. El tiempo ha revelado serias falencias en la aplicación de dicho tratado. Mientras los países no nucleares están sometidos a un sistema de inspecciones, llevadas a cabo por la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) de Naciones Unidas, los países con tecnología nuclear no han estado tan dispuestos a compartirla, ni tampoco se apreció en ellos gran prisa por el desarme. Esto contribuyó a que Estados que estaban cerca de obtener sus bombas, como India y Pakistán, aceleraran sus esfuerzos y hoy dispongan de ellas.

Las armas nucleares han demostrado ser peligrosas y de dudosa utilidad militar. El costo político de su empleo es tan alto que Estados Unidos prefirió aceptar la derrota en Vietnam antes que usarlas. Lo mismo resultó cierto para la Unión Soviética, que pudo pero no lo hizo emplear bombas atómicas "tácticas" para zonas de combate acotadas en Afganistán. Son peligrosas no sólo porque pueden ocurrir accidentes, que merced a una administración responsable no han tenido lugar, sino porque el país que las tiene debe tener también la capacidad de protegerlas de quienes quieran destruirlas. En 1981, Irak no estuvo en condiciones de proteger su reactor atómico de Osirak ante un ataque israelí. Hoy, Irán enfrenta el mismo dilema, aún sin disponer todavía de bombas.

El hecho que el general Moreira haya planteado la posibilidad de que Brasil desarrolle armas atómicas es causal sobrada para llamarlo a retiro. La mera mención hizo un flaco favor a su país y a toda la región. En momentos difíciles para la vigencia del TNP, es necesario reforzar este acuerdo y no debilitarlo adelantando un posible retiro. América Latina tiene mucho que ganar con su condición de zona libre de armas nucleares y mucho que perder si se inicia una carrera armamentista en este plano. Brasilia debe dar explicaciones.

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