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Lunes 26 de noviembre de 2007
-¿Sientes que tu voz te trazó un destino inmanejable, como en la tragedia de la ópera?
-Sí, digamos que no lo busqué, nunca busqué ser cantante. Mi vida es una aventura, no sé cómo va a terminar, pero sí he tenido momentos de mucha soledad y al mismo tiempo he tenido satisfacciones. Hay que tener el ego muy controlado y tus valores, tus principios muy asentados para no dejar que esta vida del cantante de ópera te abrume la cabeza. Yo estoy interpretando generalmente el rol de una persona que se enamora, que siente todas las pasiones del amor, de los desengaños y finalmente el de la muerte, y uno tiene que tener mucho cuidado con eso, de no confundirse con el personaje.
-¿Te has confundido?
-He tratado de batallar contra eso, a veces el éxito puede confundirte también, ¡bravo!, ¡bravo!, te tiran flores y cosas; no hay que creerse eso, tú tienes que caminar al hotel, cansada, y como en mi caso, te vas sola y no tienes a nadie que te abrace... Es agotador.
-¿Te sientes sola?
-Sí, pero hay varias dimensiones de soledad en la carrera, el estilo de vida de estar un mes acá, tres semanas allá, no todo el mundo puede acompañarte, no puedes tener la fortuna de tener una pareja o familia. Además, a veces te encuentras en medios un poco hostiles también, no es solamente arte, sino que hay poderes detrás, que no tienen nada que ver con el arte.
-¿Eso te molesta?
-Siempre me ha molestado, siempre he tratado de escaparme de la mafia, el poder, del glamour, de esas fiestas monumentales, de que convenga conocer a ciertas personas, nunca me ha gustado eso, me siento extraña al respecto, yo sé que mucha gente lo hace, yo también he tenido que hacerlo un poco, pero no es algo que me haga feliz.
-¿Te rebelaste de alguna manera?
-Yo siempre he sido rebelde pero me volví más rebelde, hacía todas las cosas en contrario, me vestía diferente, me vestía mal, y muchas cosas que trato de no hacer ahora, pero que me quedaron gustando. Ja. Siempre muy indisciplinada, me portaba mal, sin embargo, de alguna manera me iba bien, cantaba bien, me salían las notas, pero siempre estaba ese toque de rabia, porque me separé de mi familia, de mi país, porque encontraba gente que no me gustaba en el camino, la gente era ficticia, la gente azuzaba, había gente envidiosa, gente competitiva, y yo nunca he sido así.
-¿Queda rabia todavía?
-Queda un dejo, porque siempre tengo que dejar el amor, siempre tengo que dejar a mi familia y tengo la tristeza todavía, de que me perdí muchas etapas. Eso me molestaba mucho.
-¿Te sentías dividida entre lo que querías hacer y lo que te tocó hacer?
-Sí, había dos Verónicas, la Verónica simple que tenía que cantar la ópera. Y la segunda que tenía que adoptar una actitud más madura, una actitud de diva, era muy impactante eso que te decían: tú tienes que comportarte así, una diva no puede hacer esto y lo otro, y yo quería recuperar esa otra Verónica.
-¿Y cuál ha ganado la lucha?
-Las dos han luchado por sobrevivir, pero mi batalla personal es estar satisfecha con esa simbiosis, con esa unión de las Verónicas.
-¿Y cómo se te ha dado el amor en medio de todo esto?
-El amor ha sido difícil por decisión propia, no he querido atarme, pero también me enamorado muchas veces, he sufrido muchas veces y también he sentido la necesidad de estabilizarme, pero le he batallado también a eso, y no sólo por decisión, sino por la carrera que tengo, quién te va a aguantar, quién te va seguir.
-Ahora estás probando otras posibilidades musicales, grabaste un disco pop, además Lucho Jara dijo que eras muy funky, que podrías ser Madonna si lo quisieras...
-Ja. Me encantaría ser Madonna. Si no hubiese hecho ópera capaz que habría hecho la música que me da más felicidad, que me acompaña y que es la que escucho más, que es la pop, la hip hop, la funky, incluso el rap, esa es la música que pongo cuando me maquillan antes de salir a la ópera, la gente se agarra la cabeza y me dicen: ¡no puede ser! Pero esa soy yo".
* Poeta, autor de los libros "Octubre", "Cordillera" y "Especies en cautiverio".