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Martes 27 de noviembre de 2007
Entre los exploradores del abismo del último libro de cuentos de Enrique Vila-Matas, hay un cazador de frases en los buses de Barcelona. Las anota con ferocidad, y llega a la revelación tardía de que todo es excepcional: "Del inglés y del francés me acuerdo, pero el swahili lo he olvidado por completo". "Le regalé unas magnolias y no me lo perdonó nunca". "Si ganas dinero antes de los cuarenta años, estás perdido". Sus personajes se abisman. Pero todo empieza en una cita de Kafka que fue trucada por su memoria y no es lo que era, o al revés. Lo que importa es que el abismo está a cero metro, y no hay que desconfiar de él. Si hay algo asegurado, dice Vila-Matas, es el abismo. Porque en fondo está el humor: jura que lo último que se pierde no es la esperanza, sino el humor.
En "Amé a Bo" un navegante del espacio va solo, en un BAW775 -nave espectacular-, más allá "de los límites de los límites de los límites del cosmos" y en ese punto del viaje, lo único que recuerda es que amó a Bo. En verdad, Bo va a su lado, pero muerta. Su BAW775 ha pasado a ser "su superstición, su único asidero espiritual y su única posibilidad de superstición". De pronto aterriza en un planeta completamente blanco, Kajada, capital Karibe, centro del humor en el universo. Los karibeños "se parten de risa": "Triste o no, aquella risa, por encima de todo, era infinitamente seria. Yo estaba viviendo -todo me lo recordaba a todas horas- en la capital universal del humor, seguramente en el centro neurálgico de la risa general del cosmos. No en balde tiempo atrás, había tenido lugar un combate trascendental entre unas personas muy serias y quienes tenían una aversión invencible hacia la seriedad cuando ésta aparecía como tapadera para la ignorancia o la sandez, pues siempre habían tenido la impresión de que la misma esencia de la seriedad era la maquinación y, en consecuencia, el engaño".
Vila-Matas escribe libros salidos de otros libros, textos para adictos, juguetes, experimentos, álbumes de ideas; arriesgadas diversiones. Aquí anuncia por si acaso que ha perdido algunos kilos, últimamente. Que ahora piensa que gordos son los otros. Se ve que sigue siendo ese señor discutido, divertido y culto que le dedica sus libros a Paula de Parma, ahora molto vivace; el que camina con una mano detrás de la espalda por el curso de unas calles excesivamente turísticas y catalanas.
Para lectores relativamente tristes.
Ficha
EXPLORADORES DEL ABISMO
Enrique Vila-Matas
Anagrama
Barcelona, España, 2007
287 páginas