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Martes 27 de noviembre de 2007
-¿Qué te llevó a adaptar la obra "Historia del ojo" de George Bataille?
-Bataille es un genio, un filósofo francés que escribió "Historia del ojo" en 1928 y que fue catalogada de pornográfica. Es un texto trasgresor que cuestiona los valores sociales y la moral establecida. Ese riesgo, siento, nos identifica como compañía...
-El texto original contiene altas dosis de erotismo para la época. ¿Lo conservas en "Simone..."?
-En esta obra estoy codirigiendo con Valeria Germain. Y lo que hice fue una deconstrucción, tratar de encontrar una identidad propia sin traicionar su esencia. Mantiene el erotismo porque es una manera de cuestionar, pero en la novela es mucho más crudo que en la obra.
-¿Cuáles son los valores que pones sobre la mesa de discusión?
-Esencialmente los que caben dentro de lo que llamamos buenas costumbres. La moral, el respeto, el bien y el mal, las creencias religiosas, el sexo y la espiritualidad, el sacrificio y el crimen. ¿Qué significa el bien y el mal? Es lo que tratamos de dilucidar con ayuda de Bataille.
-Hablando del título del montaje, ¿quién es Simone y cómo se desarrolla la historia?
-Ella es una desatada. Dante el huérfano curioso y Marcel, la niña oprimida. Estos tres personajes se embarcan en un viaje que tiene relación con sus padres, el rompimiento de los lazos con sus progenitores, la ausencia de los mismos, el rechazo a los cánones sociales impuestos. El recorrido es grotesco y absurdo porque traspasan sus propios límites para definir su identidad y encontrar la autonomía. En el fondo, se plantean tres formas distintas de enfrentar la vida.
-Entonces Wena Naty y las tribus urbanas son espectadores bienvenidos...
-Sí. De hecho, ocupamos ciertos looks pokémon, emo. Lo que quisimos es darle contenido a ese deseo de búsqueda que tienen los jóvenes ahora, a ese existencialismo tan propio de una edad, de un segmento disconforme con la sociedad que en algún momento se manifiesta en contra del orden, se revela. La obra es una crítica a la superficialidad que nos rodea, porque como decimos en escena, "vivimos en un mundo donde lo importante es invisible y lo irrelevante importante".