
Miércoles 28 de noviembre de 2007
Considerando que en el país -de acuerdo con el Censo de 2002- el porcentaje de chilenos mayores de 60 años constituye 11,4% de la población (esto es, un millón 717 mil 478 personas) y que en 2020 será 20% de nuestros habitantes (es decir, uno de cada cinco individuos será un adulto mayor), resulta un dato de la causa que este segmento etario será cada vez más atractivo para distintas industrias y servicios. El sistema de cajas de compensación de asignación familiar (CCAF) lo ha entendido de esta manera. Por eso hacia junio pasado, este sistema registraba un total de 4 millones 150 mil 602 afiliados; de ellos, 978 mil 873 personas -es decir, 23,6%- eran pensionados. Estas cajas han contribuido a devolver la dignidad a los adultos mayores otorgándoles créditos de consumo y generando programas de turismo, entretención y capacitación laboral complementarios a los que en la actualidad son impulsados por el Estado. Pero también deberán, en los próximos años, ampliar esta oferta y de este modo mejorar la calidad de lo que pueden ofrecer a sus asociados.
Cada vez resulta más necesario, debido al sostenido aumento en las expectativas de vida, que el sistema de CCAF genere, por ejemplo, instrumentos de intermediación laboral que permitan reincorporar pensionados al mundo laboral así como nuevos instrumentos financieros o capitales semillas que permitan el autoemprendimiento de las personas de este grupo. En términos generales, estas cajas deben responder a la creciente demanda que tienen los pensionados de contar con una oferta de servicios y beneficios novedosa y actualizada, que trascienda la entrega de créditos sociales. Hoy, 70% de la actividad de una CCAF corresponde a crédito, porcentaje que puede variar dentro de un tiempo. Las cajas de compensación de asignación familiar no pueden olvidar que ellas son entidades de previsión social, que se constituyen como corporaciones de derecho privado sin fines de lucro y que otorgan prestaciones de seguridad y bienestar sociales. Por lo tanto, el negocio del crédito debiera representar sólo una parte del giro de sus actividades.
Esta definición no sólo obliga a estas instituciones a evitar las malas prácticas de afiliación de parte de sus agentes comerciales, sino que, dada la alta vulnerabilidad del grupo objetivo, tienen la necesidad de mejorar sus niveles de transparencia en cuanto a información y procedimientos, para hacer efectivos los distintos beneficios y servicios que otorgan. De igual forma, es conveniente que participen, junto con las agencias públicas respectivas, en la búsqueda de fórmulas novedosas destinadas a hacer posible la pronta incorporación del significativo número de adultos mayores que reciben pensiones asistenciales y que ahora se encuentran excluidos del sistema; ejemplo de esto sería la oferta social que pueden realizar las CCAF al recibir a los adultos mayores en casas de acogida y de reposo, ampliando la oferta social para este segmento.