
Miércoles 28 de noviembre de 2007
La frase es enredada y quien la escribió también. Dice: "No siempre sus ideas son buenas, y tenga o no fin moral en sus novelas, no todas las veces es moral, ni le faltan pasajes peligrosos". ¿Cuesta descifrar? Tampoco vale la pena. El de las ideas no buenas es Walter Scott, cuyo "Ivanhoe" se estima una lectura valiosa y grata a la vez, muy para jóvenes.
Error, según un libro difícil de olvidar: "Novelistas buenos y malos juzgados por el padre Pablo Ladrón de Guevara, de la Compañía de Jesús", que se editó en Bilbao en 1910. Su meta: denunciar "la maldad de muchas novelas como muy en breve se entera uno de la vecindad de materias hediondas".
Dígase lo que se quiera, el padre Guevara no es ningún tímido con el lenguaje. Según él, basta "abrir una novela de [Pierre] Louys, de [Ramón] del Valle Inclán, de [Gabriele] D Annunzio y de tantos otros, para que, sin más, sepamos que tenemos delante, además de la impiedad, la inmoralidad, la deshonestidad más asquerosa y desvergonzada. Otros nos han dado más trabajo, sobre todo para poder decir de ellos que no tienen tacha".
Al hombre le cuesta más hallar la ausencia que la presencia de tacha.
Volviendo al "Ivanhoe" que él leyó: "Es gravemente perniciosa para la mayoría de los lectores, por lo sumamente despreciables que presenta a clérigos, monjes y priores. Infunde la idea de que eran muy deshonestos, glotones, gordos y más gordos [...]. Por toda la novela, y con frecuencia, aparecen monjes de estos glotones [...], y lo que es más grave, deshonestos, ignorantísimos y de avaricia suma".
El resto de las observaciones provocará vivo interés en quienes hayan leído otro "Ivanhoe". El que escribió Walter Scott podría servir, aunque suena inferior a "En la tierra de Jesús", de una señora Matilde Serao, "buena y cristiana" ilustremente desconocida.
Pedro Antonio de Alarcón, uno de los novelistas más célebres de España en el siglo XIX, perpetró "El sombrero de tres picos", "gravemente peligrosa, pues aunque es una maquinación deshonesta, en que al fin triunfa la casta fidelidad, siendo castigado el maquinador, sin embargo [...] lleva al lector a pensar en lo peor...". Picaronazo el lector.
La estrictez de Guevara no cede ni ante la grandeza ni ante la bondad. Edmundo de Amicis, autor de "Corazón", "en medio de cosas inofensivas y a veces hasta buenas, tiene malas ideas y no pocas picardías y pasajes libres". Libres: qué ocurrencia. Más machucado sale Giovanni Boccaccio, otro italiano "mal nacido en París", cuyos "cuentos escandalosos llevan almas al pecado y al infierno". En cuanto a Pío Baroja, "no le cuadra el nombre de Pío, sino el de impío, clerófobo, deshonesto".
Gustave Flaubert no exige análisis: "Madame Bovary" está "en el Índice. Prohibida. Deshonestidades crudas y grandes, con suicidio". Su "Salambó", "cartaginesa, está prohibida en el Índice". La frase podría ser el aviso de una editorial. Wolfgang Goethe, "de muy malas ideas", la embarró en "Werther", "triste, desesperante, con sentimientos que empiezan a ser píos, y luego pasan a ser impíos e injuriosos a Dios, de pasión desbordada, lujuriosa, con algún pasaje bastante peligroso, algo de duda y escepticismo".
Tampoco se encoge el censor ante Nikolai Gogol, "ruso, cosaco, novelista", que fue "implacable con cierta clase de malvados (hay que serlo con todos; ataca ciertos pecados (hay que atacarlos todos)...". Dejado, Gogol. Los hermanos Edmond y Jules Goncourt, "historiadores, críticos, dramáticos, novelistas deshonestos, de ideas incoherentes, falsas, malas" fueron, para colmo, "nietos de un oficial de Napoleón". No: si hay cada tipo.
Ni que hablar de Émile Zola, que escribió "libros tan escandalosos por su impiedad y asquerosa lujuria, que acabó por causar náuseas a sus propios amigos". El Marqués de Sade, otro que tal, no le achuntó ni una: "Novelista, capitán de caballería, vivió vida de orgía y de pésimas deshonestidades". Su "Justine, o las desdichas de la virtud" son "cuadros en que la locura, la lujuria y la crudeza se disputan el lugar". Otro que tal, Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, con el "Libro de buen amor", "una novela escandalosa, de cosas deshonestas y de muchas picardías". También trae "cosas piadosas" pero "para profanarlas sacrílegamente...".
"Novelistas buenos y malos" incita a preguntar al señor Guevara: si los libros malos de que habla causan daño, ¿qué laya de villano sería él mismo? O no fue honesto y habló sin haber leído, o leyó y su rectitud lo mandó al diablo.