Inicio » Opinión

  Convivir con virus

  En los años que empecé en ese colegio de traseros apretados a presión, mi padre era militante democratacristiano. Hoy su carnet es fantasmal. Es que mi papá cambió, pero el partido no.

Domingo 2 de diciembre de 2007

Después de escribir mi primera columna en un diario donde destacaba con nombre y apellido a mi profesor de castellano, y a mí mismo fui suspendido del colegio.

Tenía 16 años y buenas notas en el colegio de curas al que iba. Entonces, mi acto fue un sacrilegio tremendo para todos: sería eliminado por un rayo, el resultado de toda la rabia descargada por una gran mano divina parte de un gran monstruo de espagueti volador, obvio que aparecería entre las nubes.

Hasta el día de hoy no dudo que muchos creen en que así fue, y en que Adán y Eva sí existieron y por eso, al estilo Bush, hay que mandar al carajo la Teoría de la Evolución. La vida en el Camilo Ortúzar Montt de Macul dejó a varios ex alumnos con secuelas imborrables.

Siempre que me los encuentro en el Metro tienen esa actitud de andar con el culo apretado por la vida. Sufriendo por lo que no es culpa suya. Con la cabeza gacha, orgullosos de su silencio, van a su trabajo como los niños que asisten al jardín infantil: vestiditos como quiso la mamá, encerrados en la vida sin posibilidad de cuestionar y, por lo tanto, de liberarse. Militando en un partido existencial que ya no tiene más que el poder del ayer, y que opera con los dientes apretados cuando hay que ordenar el gallinero, manteniendo el orden e incluso llamando al desorden, con el objetivo de poner sicopáticamente las cosas en su lugar.

Escribo esto cuando leo sobre Adolfo Zaldívar y su militancia en la DC. La DC es muy transición y la transición es muy angustiante. Siempre cuando uno lee sobre ese proceso se da cuenta que los valientes que tanto pelearon por derrocar a Pinochet se pusieron traje y desfinanciaron a los medios que tenían a su lado pensando que se les iban a volver en contra. Y no lo digo yo, lo dicen todas las investigaciones que tanto hacen sufrir a los que sueñan con ver una pluralidad periodística, claro que más real y no con ese circo de buenos funcionarios de embajada que han participado de todos los medios vinculados con la Concertación.

A todo esto, ellos son los mismos que tampoco dijeron mucho cuando estuvieron en circulación. Demasiado pasivos. Demasiado preocupados de sus congresos que a nadie importan. Ahí fue cuando la UDI tomó el lugar discursivo y salió, con sus Lavines y Longueiras, a comerse el escenario.

Dentro de esos ombliguistas está el ADN de Adolfo Zaldívar. El problema de Zaldívar no es que sea de derecha cosa que queda en evidencia luego de todos los llamados de la Alianza en su defensa . El tema es que su locura lo llevó a crear hasta grupo propio: los colorines, y jamás admitió lo que era de verdad. Como un gay sin salir del clóset, pataleando sin poder ser feliz. Como un energúmeno, molesto por la diversidad de la Concertación.

El tipo generó tal tensión que logró derribar la torre de cartas en el momento más impropio para una colectividad torpe. Parece una estupidez, pero no deja de ser simbólico que la ministra de Planificación llegue con dos zapatos distintos. Adolfo Zaldívar es un troyano de computador, que se aloja en el sistema operativo de la DC y que ralentiza operaciones como los costos de Transantiago.

En los años que empecé en ese colegio de traseros a presión, mi padre era militante democratacristiano a diferencia de lo que piensa Checho Hirane, quien en su show de radio insinuó que yo era hijo de subversivos de izquierda. ¡Por fin un chiste gracioso, Checho! . Hoy su carnet es fantasmal. Es que mi papá cambió, pero el partido no: sigue más preocupado de seguir siendo el mismo que llegó a La Moneda después de Pinochet, en lugar de definir un rumbo. Y eso es convivir con un virus de abulia que no conduce a nada.

La Nación

Agustinas 1269 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59

Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala

© Empresa Periodistica La Nación S.A.
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.