
Domingo 2 de diciembre de 2007
Vamos enumerando las razones por las que Chris Cornell debería estar muerto. La depresión adolescente, la misma que hoy se lleva niñas en los huesos, tuvo al niño Cornell el apellido es de su madre; el padre abandonó la casa encerrado en su casa. Junto con pasarse un año tomando y escuchando a The Beatles, el claustro sirvió para tomarle el gusto a la batería y la guitarra. Primera salvada.
Chris Cornell (43) llega a Santiago a presentar su segundo disco solista, "Carry on" (2007), con el que terminó por desligarse de la banda que lo había cobijado los últimos siete años: Audioslave. Con el guitarrista Tom Morello, el bajista Tim Commeford y el baterista Brad Wilk (todos músicos de Rage Against The Machine) alcanzó a facturar tres discos, "Audioslave" (2002), "Out of exile" (2005) y "Revelations" (2007).
Con el último álbum de Audioslave comenzaron los rumores de separación. La banda no se fue de gira, según Morello dijo a MTV, "porque Chris no quiso". Lo que quería Cornell era terminar su segundo disco solista. Tanto que en octubre de 2006, el músico manejaba su moto por una carretera de Los Ángeles, cuando se le cruza un camión, colisionó y salió volando a unos seis metros de altura. Quedó magullado y arañado, pero se paró y fue caminando hacia el estudio, para terminar "Carry on". Anótese otra salvada.
HOMBRE MUERTO CAMINANDO
Al final de su adolescencia, Cornell abandonó la escuela y juntó plata para su primer amplificador y guitarra destripando pescados en una distribuidora de alimentos marinos.
En 1984, ya había una primera formación de Soundgarden imponiéndose en la emergente escena grunge de Estados Unidos. Para el segundo álbum de Soundgarden ("Badmotorfinger", 1991) la banda ya vendía millones, y Cornell encontró el tiempo para tributar a la muerte que pasó cerca, pero que no le acertó: el que murió fue el vocalista de Mother Love Bone, Andrew Wood, su compañero de pieza. Esa pérdida inspiró su proyecto-tributo "Temple of the dog". De su generación de vocalistas quedó regado el campo: Kurt Cobain, de Nirvana; Layne Staley, de Alice in Chains; Shannon Hoon, de Blind Melon, por nombrar algunos, se despacharon. Súmele Jeff Buckley, que con su muerte, en 1997, dejó el puesto libre a Cornell como uno de los con mejor rango vocal en la década pasada. Buckley y Cornell eran amigos. Y cuando al autor de "Grace" le dio por meterse con bototos al Mississippi, el ex Soundgarden colaboró en su disco póstumo, "Sketches for my sweetheart the drunk". De hecho, iba a ser el productor de ese disco. Pero a Cornell no le quedó más que dedicarle su debut solista, "Euphoria morning" (1999), a su amigo muerto.
Seattle, Francia
La heroína fue la droga de moda, pero en el caso de Cornell, el alcohol fue el que casi ganó. En 1994, Soundgarden tuvo que cancelar giras por indicación médica. Sus cuerdas vocales estaban tan tirantes que podía perder la voz. Y tras la publicación de su primer disco solista, la depresión volvió junto a la botella. "Pasaron días enteros en que no comía nada", dijo a www.seattlepi.com, "me estaba como apagando. Eventualmente me di cuenta que la única manera era cambiar virtualmente todo en mi vida". Desde que se enroló en Audioslave, Cornell decidió ponerse sobrio y dejó el cigarro. Su registro vocal lo agradeció notablemente. Y hace unos cinco años se internó en una clínica de rehabilitación.
La última gran salvada lo dejó viviendo en París. Sobrio y limpio, se casó por segunda vez, sumó dos hijos a su prole, compró un restaurante donde tipos como Orson Welles eran habitués y fichó como maniquí para el célebre diseñador John Varvatos. Y como en el comienzo, cuando sacaba escamas a los pescados por monedas para no morirse de hambre, de nuevo está tras una cocina. Más viejo, mejor alimentado, más prudente. Pero con las cicatrices y sabiduría de rockero sobreviviente que Chile, por primera vez, verá sobre en un escenario. LCD