
Domingo 2 de diciembre de 2007
Está de más decir que Lynch es un director complejo, que filma desde la lisergia y que cada una de sus películas, más que relatos, son experiencias inenarrables. "Imperio" ("Inland Empire") es eso y aún más. En su última cinta potenció todos los elementos que caracterizan su estilo, entre ellos la edición paranoica y los personajes, siempre atrapados en las consecuencias de actos propios y heredados.
No hay historia en "Imperio", por lo menos no una de la que se pueda contar un principio y un final, porque la cinta es aceptar ser durante tres horas Alicia, el personaje de Lewis Carroll, comer los hongos alucinógenos que ofrece Lynch y sumergirse en los recovecos de un país donde todo es confuso y paradójico.
Muy al inicio del relato, y prácticamente como un pretexto, Lynch recurre nuevamente a la figura de la actriz para narrar una muy personal visión de Hollywood como fábrica de sueños y pesadillas, como ya lo hiciera en "Muholland Drive". Acá, Nikki Grace (Laura Dern) ha sido elegida como estrella de una nueva cinta. Pero su felicidad acaba cuando su extraña vecina le vaticina que si bien el argumento no tiene ningún asesinato, en ésta sí lo habrá, y cuando se entera que este nuevo filme no es sino un remake de una antigua película polaca que nunca acabó porque sus protagonistas fueron asesinados.
Después de eso, todo en el relato es una suma de dobleces. La idea de una película dentro de una película adquiere significados alucinatorios. La idea de otro paralelo, que habita dentro de todo como el gemelo malvado, es casi una concepción de lo que significa el cine para Lynch. Porque en "Imperio" la duplicidad es el gran tema: se duplica la protagonista, Grace, y la actriz polaca condenada a observar en una pantalla la filmación del remake; las locaciones, iluminados sets norteamericanos frente a grises parajes polacos; se duplica la forma del miedo, caminar por laberintos de la ciudad, estar encerrados en set y no saber cuál papel es el que se está interpretando.
"Imperio" puede que sea hasta ahora la más inabordable cinta de Lynch, la más confusa y la más exigente, no sólo por las tres horas en las que el espectador comienza a sentir la incomodidad de no saber que tiene al frente, sino porque pide entrar en las mismas lógicas que sus protagonistas. Si una de ellas observa una pantalla de televisor como si estuviera expiando culpas, nosotros somos la tercera arista de esta condena, observamos intuitivamente este universo contradictorio.
En una entrevista le preguntaron a Lynch de qué hablaba "Imperio", "de una mujer en problemas y un misterio". Recalcando la idea que hay ciertas películas que no necesitan de una comprensión lineal, sino la aceptación de observar cada escena como una cinta en sí misma, para que al final de la proyección salgamos igualmente emocionados y desconcertados, y eso es el sello de una gran película.