
Domingo 2 de diciembre de 2007
Tenía 29 años y seis meses de embarazo cuando fue asesinada. La noche del 15 de diciembre de 1976, Reinalda del Carmen Pereira Plaza fue abordada en la calle por la DINA. Luego de ser golpeada, los agentes la subieron a un Peugeot azul. Ahí se perdió para siempre.
Mientras se aferraba a un poste y pedía ayuda en una esquina de Macul, al otro extremo de la ciudad, su padre y su hermana Graciela repasaban las últimas palabras que había dicho la militante del Partido Comunista: "Si llego a caer detenida, nunca van a saber que ustedes existen, pero por favor, Chelina, prométeme por tus hijas que tú tampoco vas a abrir la boca hasta que las aguas se calmen".
Todo lo que se sabe sobre Reinalda a partir de entonces es lo que la realizadora Lorena Giachino logra recabar en su documental homónimo. Una pieza íntima en la que ella acompaña a su madre, Jacqueline víctima de un tipo de amnesia producto de una descompensación diabética , en la reconstrucción de los últimos pasos de Reinalda, su mejor amiga de la universidad.
Graciela Pereira, hermana mayor de Reinalda, rompe por primera vez su silencio para contar que a la joven desaparecida le sobreviven ella y dos sobrinas, que alguna vez el miedo a buscarla la paralizó y que 32 años después de su muerte no desea pensar que todo fue en vano. "Me gusta recordar a Carmen con su pelo peinado a lo gatito, los ojos pintados y claritos. Tuteaba al papá y yo la quedaba mirando con las pepas abiertas. Papi, esto, papi esto otro , le decía. Él nos pidió que dejáramos de militar en el PC por entonces".
PARÁLISIS
Graciela hoy tiene 65 años. Era mayor que Reinalda por un par. Si su hermana le hubiese hecho caso al papá, Graciela estaría hoy acompañada de su sobrino. Quizás el cáncer no se habría llevado a su papá, que hasta el último minuto suspiró el nombre de Reinalda del Carmen, y quizás hoy no tendría esa sensación de manos atadas que la acompañó tres décadas en que delegó la búsqueda en Max, el también fallecido esposo de Reinalda.
"Vivir eso me paralizaba y yo vivía con anteojeras para velar por mis hijos y mi marido", dice poniéndose ambas manos en las sienes. "Después de ver el documental me dije: Aquí estoy yo y es necesario que se sepa que Carmen no murió sin familia ".
En el mausoleo familiar está grabado simbólicamente el nombre de la tecnóloga médica desaparecida. En Villa Grimaldi también está puesto su nombre en un monolito, pese a que hay certezas de que nunca pasó por ahí, sino que sus últimas horas de vida habrían sido en el Cuartel Simón Bolívar. Un testigo relató que allí, después de la brutal sesión de tortura, Reinalda pedía por piedad que la mataran. Finalmente le habrían liquidado con una inyección de cianuro. Nunca delató al resto de su familia.
"Cuando supe esto pensé que era hora de dejar la cobardía de lado. En parte lo hice por respetar la decisión de mi hermana y un poco por comodidad. Creo que yo no habría resistido nada, me dan dos o tres charchazos y suelto la pepa de muchas cosas", dice sonriendo con amargura. Pero de pronto insiste que lo que Reinalda decía, siempre lo cumplía: "No tengo bisagras en el espinazo, así que nadie me doblega". Eso decía Carmen, una especie de refrán familiar de los Pereira, según el recuerdo de Graciela.
"NO ME ACUERDO"
En el documental, Jacqueline, la madre de Lorena Giachino, recorre con su hija hitos de su juventud. Lugares que frecuentaba junto a su mejor amiga, Reinalda Pereira. Sitios que no recuerda, pero que intuye. Viejas canciones que cantaba con su "comadre", como la llamaba. Los recuerdos que Graciela tiene de su hermana se le agolpan y se condensan cada año nuevo.
"Pienso: si estuviera mi hermana conmigo tendría a mis sobrinos al lado, tendríamos nuestra familia", dice cuando el nudo en su garganta se disuelve en un llanto ahogado. "Me acuerdo de ella y en la noche me voy al living, me pongo a fumar y a conversarle y le digo: ¿Viste lo que pasó por ser porfiada? . Ahora estaríamos juntas".
Recuerda que desde su desaparición aquel día de diciembre, con el correr de los días la pena se convirtió en otra sensación más rabiosa. "Yo me aparté del mundo porque me di cuenta que muchas veces alguien da la vida por un ideal como lo hizo Carmen, y ahora ese gesto tan hermoso se transforma en pies de barro".
Graciela se refiere a personas del partido que se hacían pasar por exonerados políticos a cambio de dinero. "Gente cuya vida jamás peligró. Y mi hermana embarazada que muere Ver todo eso me hizo rebelarme". Recién acá levanta la voz. "Mi hermana y yo peleábamos por el ideal de arreglar las cosas. No se de dónde salió la desigualdad que hay en estos momentos, no sé". LCD